Flechas dianas para el tratamiento de la psicosis
El desfase que hay en cuanto al valor que le designa la psiquiatría imperante y los resultados en la práctica de su eficacia terapéutica tiene una evidencia manifiesta.
Sólo hay que ver la contradicción que existe entre lo que piensan y sienten sobre su eficacia los usuarios y quienes los recetan.
Las quejas sobre sus efectos son amargas, desgarradoras:
….parezco una zombi y estoy aletargado. También tengo molestias musculares y de articulaciones, problemas respiratorios, anhedonia depresión…por favor no lo tomen. Si les diagnostican por primera vez alguna enfermedad psiquiátrica no recurran a este tipo de fármacos…son horribles, generan dependencia y eres un drogadicto de por vida… (Anónimo 2025, mujer de mediana edad).
…Mi experiencia ha sido horrible, cabeza escayolada, cerebro cognitivamente muy mal, volado, espeso, aturdido, mareado, como un vegetal vamos sin poder pensar en nada, la cabeza volada muy mal, veneno. (Anónimo 2025, varón de mediana edad)
El recorrido por la página web de www.mimedicamento.es nos da una muestra amplia en relación a los efectos de los distintos tipos de antipsicóticos y te deja los pelos de punta. Los mismos efectos que se recogen también en distintas páginas de internet, de los llamados supervivientes.
Para la psiquiatría biomédica los neurolépticos o antipsicóticos son los medicamentos de primera elección, la diana en el tratamiento de la mal llamada esquizofrenia, psicosis y otros trastornos mentales. El campo de prescripción se ensancha a otras psico (pato) logias.
El grupo de mayores consumidores se coloca en la tercera edad. Es recetado para problemas que nada tienen que ver con la salud mental, sino con la evolución de la persona en la última etapa de la vida, en donde los derechos humanos y el respeto a su dignidad deben de estar siempre muy presentes. Nuestros mayores necesitan ser tratados con todo el cariño que se merecen. Los antipsicóticos son un atentado contra sus derechos.

Mi mamá tiene 70 años y el psiquiatra le recetó ese fármaco. Desde ya me pareció demasiado fuerte esta medicina para ella, pero como lo recetó el médico se supone que era buena. pero al tomarla le hizo daño, ese día no pudo caminar, temblaba, le dolía hasta sus partes como si hubiera dado a luz. Es terrible que se tengan que medicar estás pastillas sin tener en cuenta las reacciones que provocan. Ojalá que con el tiempo se opten por otras formas… (Anónimo)
En la experiencia de Juan, un educador social, estos se recetan no para ayudar al enfermo, sino para ayudar al cuidador, para que la persona esté más sedada, y sea más manejable, como en residencias de la tercera edad, siempre claro con prescripción médica.
El grupo de mayores consumidores de antipsicóticos se coloca en la tercera edad para problemas que nada tienen que ver con la salud mental. Los antipsicóticos son un atentado contra sus derechos.
El miedo a la locura
Se cree que una causa de esa sobrevaloración es el impacto que la crisis psicótica produce en el entorno del paciente, que al no comprender lo que le pasa lo vivencia como algo dramático, nos dirán Inchauspe y Valverde.

Para nosotros tiene sus raíces en un sistema que vende como negativo pensar diferente y en donde se fomentan ciertas actitudes de estigmatización hacia la persona que sufre una crisis vital. Es como si la sociedad, por falta de explicación, proyectara sobre el afectado su propio miedo a la locura. Y negara que las barreras entre la llamada locura y lo normal ni son claras ni precisas. Es la tendencia de analizar la realidad con explicaciones simples, cuando la misma tiene muchos matices y colores.
Este impacto tiene que ver más con el poder de la unidireccionalidad de la atención en salud mental a los llamados trastornos graves, centrada en los neurolépticos, cuya vivencia de camisa de fuerza, y de atropello es manifiesta.
En general el tratamiento médico de la crisis (supuesta) psicótica lo que hace es acentuar el problema, tal como manifiestan los usuarios, a los que se les ha mandado antipsicóticos:
… está la apatía extrema que genera, todo te da igual y no tienes iniciativa ni ganas de hacer nada. Siempre expreso esto como «ver la vida pasar estando tú detrás de un cristal» (Anónimo, 2024, varón)
…Fue un infierno apenas puedo caminar, una rabia, un odio, una tristeza, no puedo mover ni manos ni pies, ni puedo andar, me dejaron en estado vegetal como muerta en vida, hecha polvo de dolor, la espalda, cansancio extremo. No toméis nunca esto, que produce rabia tristeza agonía. (Anónimo 2023, mujer)
El sistema bio-bio-bio disfrazado de biopsicosocial
Ante la creencia de que no hay otras alternativas por parte de los profesionales, y ante un sistema que estas alternativas tampoco las ofrece, se usan los antipsicóticos, con la idea de que éstos ayudan, desoyendo las voces que indican lo contrario: los antipsicóticos no ayudan. Estas voces discordantes con su uso llevan años manifestándose. No son sólo los usuarios. Proceden de distintos campos, de la psiquiatría crítica, de la psicología, antropología, sociología.
Voz clara y precisa la tenemos del psicólogo clínico y catedrático de la Universidad de Oviedo, Marino Pérez Álvarez, quien afirma que son las propias instituciones y el propio sistema de Salud Mental imperante con un modelo bio-bio-bio médico el que mantiene este estado de abordamiento de la salud mental. Frase conocida del catedrático es la siguiente: Se escucha al fármaco y no al paciente.
Se escucha al fármaco y no al paciente.
Para él esto es un error, como lo es el modelo bio-bio-bio médico, que a veces se disfraza de biopsicosocial, con lo que todos tan contentos, pero que sigue siendo bio porque implica que siempre hay una causa orgánica en el cerebro y en donde, a la hora de la práctica, lo psico y lo social tienen muy poco peso para el tratamiento.
El hecho está claro desde el propio sistema biomédico, desde la propia administración se minusvaloran las aportaciones de otros profesionales, y la eficacia de otras terapias, que no entran en el sistema de Salud Mental, o entran de forma muy tangencial y poco efectiva.
Como manifiesta el psiquiatra y psicólogo clínico Jorge Tizón, las terapias psicológicas sólo están presentes de forma homeopática, mínima, sin efectividad en la práctica.
La cabida que se da al psicólogo clínico dentro de la asistencia a la salud mental es, cuanto menos ridícula, a pesar de los esfuerzos que el Colegio de Psicólogos lleva realizando desde hace muchísimos años, y que se rastrea hasta 1971.
Rapidez de divulgación. Encuentro de la piedra filosofal
Otro tema que afecta a la sobrevaloración es la rapidez con la que los antipsicóticos se extendieron, alejada de datos científicos que demuestren su validez como tratamiento de cura.
Esta rapidez de extensión no demuestra su validez, sino que es producto de diferentes factores, algunos económicos, promocionales, y otros relacionados con la concepción de los trastornos mentales como pertenecientes al campo de la medicina. Y en este campo las herramientas fundamentales son las pastillas., las pastillas mágicas, de uso frecuente no sólo en la psicosis sino que su sombra se extiende a otros campos de aplicación.
La psiquiatría obra como si con los antipsicóticos hubieran encontrado la piedra filosofal, o eso es lo que nos venden con los antipsicóticos, una mejora de la cura de los pacientes, cuando la realidad es que las condiciones de los llamados psicóticos no han mejorado con el uso de los antipsicóticos, sino que se encuentran paralizadas.
Parálisis que es debido al paradigma biomédico en donde, a pesar de todos los esfuerzos y millones de euros gastados, no se ha encontrado un correlato de la psicosis en el cerebro. El cerebro de una persona normal y el que padece psicosis es el mismo. No hay nada distinto, porque no es una enfermedad física, y porque el llamado desequilibrio bioquímico que se vende, con la imagen de un cerebro averiado, no es real.
El daño. Rotundo Lars Martensson
Dentro de las personalidades que se opusieron a este tratamiento con argumentos rotundos está el psiquiatra sueco Lars Martensson, quien afirma rotundamente que los antipsicóticos deberían de estar prohibidos por sus graves daños sobre el cerebro. Cuando la persona cae en una crisis psicótica necesita todas sus capacidades mentales para enfrentarse a la problemática que vive.
Han causado su daño de dos maneras: primero, debido al daño directo al cerebro y a las funciones mentales, segundo, porque están ligados a puntos de vista falsos y abominables de los problemas humanos y de los seres humanos.
Las drogas han promovido una definición falsa de la esquizofrenia como un problema médico con solución médica. Nos han impedido asumir nuestra responsabilidad. Como consecuencia, las personas con esquizofrenia han sido abandonadas. Esa es la verdadera causa de su tragedia. Si no hubieran sido abandonados, la mayoría de estas personas jóvenes y a menudo dotadas habrían podido, como el resto de nosotros, realizar muchas de las promesas y posibilidades de sus vidas. (Lars Martensson, 1985)
Limitación de las investigaciones comparativas de resultados
Este hecho, la sobrevaloración de los neurolépticos, de un tratamiento que tiene de todo menos de científico, ha limitado las investigaciones comparativas de sus resultados con otros tratamiento médicos alternativos, como pueden ser las benzodiazepinas, y la comparativa con otros procedimientos no farmacológicos.
Un hecho manifiesto es que las benzodiazepinas son menos peligrosas en cuanto a los efectos secundarios, y parece que igual de efectivas, algo que mantiene y expone Peter Gøtzsche. ¿Por qué dar preferencia a los antipsicóticos?

¿Interesan este tipo de investigaciones? No parece que a las compañías farmacéuticas les sean rentables porque podrían terminar con todo un sistema que hay en torno al mal llamado enfermo mental, y en el que están implicados una serie de profesionales en cadena, que empiezan por los médicos de los Centros de Atención Primaria, uno de los principales dispensadores de medicación psicotrópica, y los cuales son objetivos principales del marketing de la farmacéuticas.
Las carencias en Atención Primaria vienen ya de la falta de formación del cuadro médico en cuanto a salud mental, en donde su preparación es mínima y deficitaria. La presencia de profesionales, de psicólogos clínicos, que convendría estar destinada a frenar la ruta de entrada de la medicación, atendiendo desde otro paradigma las necesidades emocionales del consultante, sólo está implantada de manera muy minoritaria.
Mejoría significativa en 22% usuarios tratados con placebo
Desde los estudios realizados por Cole et al en 1964, se sabe que hay pacientes que responden al placebo. Los autores reconocen las limitaciones de los antipsicóticos y aceptan que el 22% de los tratados con placebo tuvieron una mejoría significativa.
Este índice de respuesta es importante, es decir, que existen mejoras con placebo, lo que pone en entredicho la utilización de los antipsicóticos, ya que al menos un 22% de las personas tratadas podría mejorar sin ellos.
También reconocen los síntomas y efectos secundarios que los mismos producen entre los que se encuentran: somnolencia, inquietud, rigidez muscular, temblores… y otros muchos.
Sobrevaloración resultados, en un tratamiento acientífico
Se puede apuntar con fundamento que ha habido una sobrevaloración de los efectos de cura de los antipsicóticos. Sobrevaloración que sigue estando en el presente aupada por la estructura predominante de una psiquiatría acientífica.
Los beneficios se exageran y los efectos secundarios, fundamentalmente a largo plazo, son frecuentemente sobre-estimados.
Analizando la composición de los mismos como explica Joanna Moncrieff, en el modelo centrado en el fármaco sobre los antipsicóticos y neurolépticos, no curan, simplemente producen un estado de lentitud y de sedación que alivia síntomas, pero que ocasiona, no sólo a largo plazo, graves efectos adversos.
Para ella el modelo de los psicofármacos centrados en la enfermedad, deriva de la necesidad de la psiquiatría de ganar prestigio y estatus.
Los antipsicóticos, como expresa Joanna Moncrieff, no curan, simplemente producen lentitud y sedación que alivian los síntomas pero que ocasiona graves efectos secundarios.
Peter Gøtzsche nos dirá que los enfermos diagnosticados de esquizofrenia tienen una esperanza de vida entre 12 y 15 años menor que la media. Una revisión sistemática en pacientes con esquizofrenia mostró un aumento de mortalidad en las últimas décadas; la tasa media de mortalidad en 1970, 1980 y 1990 fue de 1,84, 2,98 y 3,20, respectivamente. La razón principal de este incremento en la mortalidad se ha atribuido a la mayor incidencia de trastornos metabólicos provocados por los nuevos antipsicóticos.
Explicará que el aumento de la mortalidad asociado al tratamiento con antipsicóticos también se ha identificado en ancianos, a pesar de las advertencias de la FDA y de la EMA.
Supuesto desequilibrio bioquímico que mejora con placebo
El efecto placebo, es decir, personas que mejoran sin tomar antipsicóticos creyendo que los toman, aumenta a lo largo de la historia de los estudios realizados. (Inchauspe y Valverde)
Este hecho, teniendo en cuenta la atribución de un desequilibrio bioquímico en el cerebro del enfermo en la psiquiatría biomédica (algo no probado) es llamativo. ¿No pone frente a las cuerdas a la psiquiatría predominante? Nos encontramos con lo acientífico del saber de la psiquiatría. Sin embargo, la misma pone una pátina de cientificidad a sus estudios que ni de lejos está probada.
A la vez expresa trabas a otras prácticas de abordaje de la psicosis porque dice no prueban su cientificidad, como hace con el psicoanálisis y las psicoterapias dinámicas. En el escalafón, la psiquiatría siempre está a la cabeza, y con el paraguas inexistente científicamente del tratamiento biopsicosocial se amparan unas prácticas que siguen teniendo su eje en la medicina y no en la escucha y análisis de la biografía del afectado.
Carpenter y otros autores presentaron un estudio en 1977 que comparó el tratamiento de la esquizofrenia aguda con o sin fármacos. Los resultados indicaban que quienes habían sido tratados sin fármacos fueron dados de alta antes. Por otra parte analiza los resultados a largo plazo en estudios longitudinales a 20 años que indican que los pacientes que no fueron tratados continuamente con ellos tuvieron un funcionamiento laboral significativamente mejor.
Hemos expuesto algunas de las razones de la sobrevaloración de los antipsicóticos, de porqué siguen en el mercado. En una segunda parte analizaremos otras influencias.
La ética de la información
Es de ética profesional el informar sobre sus efectos sobre la salud, existiendo siempre antes de su aplicación un consentimiento informado firmado por el usuario. Hay que hablar sobre demoledores efectos sobre la salud general: hígado, corazón, cerebro, riñones, aparato locomotor, piel, vista, capacidad cognitiva, memoria, reduce el tamaño del cerebro, acorta los años de vida de la persona. Son una bomba de relojería tardía para el organismo. No se deberían obligar a tomar sin el consentimiento del usuario, ni siquiera bajo el pretexto de que no es consciente de su enfermedad, ni amparándose el profesional en una decisión de internamiento involuntario, decretada por el juez de turno, que en general hace caso al experto.

Está demostrada su ineficacia, no curan, está demostrado el grave daño que ocasionan. Son una droga, legal sí pero una droga, aunque se quiera ignorar esta palabra, que crea dependencia.
Cuando se quieren dejar necesita todo un proceso, hacerlo de manera escalonada, con información precisa y adecuada, porque se expone el usuario a un efecto rebote, y acentuar los síntomas que se tenían. (Gøtzsche)
A cualquier facultativo capacitado legalmente para prescribir psicofármacos se le debe exigir el conocimiento necesario para retirarlos.
Ya desde 1986 se sabe los daños que ocasionan, expuestos magistralmente por el psiquiatra Lars Martensson, un profesional con ética. Pensamos como Martensson; quien tiene una grave crisis necesita todas sus fuerzas, su energía intacta para recuperarse, necesita saber qué ha ocasionado sus angustias profundas. Cada uno es el protagonista de su historia. Lo adecuado es escuchar siempre a la persona, y no al fármaco, manifiesta el conocido profesor universitario Marino Pérez Álvarez.
Una última reflexión, el principal sustento del modelo biomédico, y por tanto de la medicación antipsicótica o neurolépticos, es el poder institucional que no sabe pensar en lo que le pasa a la gente más que en términos médicos (neurobiológicos), como si los problemas del vivir fueran enfermedades a tratar por la medicina con píldoras milagrosas.
El poder institucional no sabe pensar en otros términos que no sean los neurobiológicos, como si los problemas de la vida fueran enfermedades a tratar por la medicina con píldoras mágicas.
¿Son acaso los psiquiatras negacionistas de sus efectos de cara al usuario? ¿Nos quieren vender desde las Instituciones médicas unas pócimas, los antipsicóticos, que parecen hechos en la Edad de Piedra de la humanidad?
Fdo: M.ª Rosa Arija Soutullo
Psicóloga
REFERENCIAS:
- Inchauspe Arostegui, José A. y Valverde Eizaguirre, Miguel A. El uso de antipsicóticos en la psicosis. Alcance, limitaciones y alternativas. AEN. Cuadernos técnicos 18. Madrid 2017.
- Gøtzsche, Peter. Kit de supervivencia para la salud mental y retirada de psicofármacos. Instituto de la libertad científica, 2020. Pdf gratis en Primera Vocal, 2025
- Martesson, Lars. Actas de la Conferencia de la Federación Mundial de Salud Mental. Copenhague, 1985.
- Moncrieff, Joanna. Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos. Herder, 2013.
- Pérez Álvarez, Marino. Alternativas a las clasificaciones diagnósticas no faltan. Entrevista a M. Pérez Álvarez, catedrático de la Universidad de Oviedo. Infocop, 19 diciembre 2013.
- Vanheule,Stijn y Van Os, Jim. Entender la psicosis en 33 preguntas. Psara Ediciones, 2024
- Tizón, José Luis. La reforma psiquiátrica. El porvenir de una ilusión. Herder, 2023.
- www.mimedicamento.es. Antipsicóticos. Testimonios.
