Todos y cada uno somos más simplemente humanos que otra cosa.
(Harry Stack Sullivan)
Autor de un pensamiento transformador, persona comprometida con la promoción del cambio subjetivo y social frente a la influencia patógena del contexto y defensor de la libertad personal sin concesiones a la clínica “políticamente correcta”, Sullivan es la piedra angular de la tradición interpersonal del psicoanálisis, para la que la persona ha de ser comprendida en su red de relaciones interpersonales. (1)

Entre las figuras del pasado, y como un faro de esperanza se encuentra el psiquiatra Harry Stack Sullivan. Nació a finales del siglo XIX, en 1892, y falleció en 1949, poco antes de empezar a comercializarse el primer antipsicótico, en la década de 1950. Harry tuvo una infancia difícil, entre otras cosas por la precariedad económica, y la ausencia de su padre obligado a sacar como puede a la familia adelante.
Alejandro Ávila Espada, que fue catedrático de la Universidad Complutense y estudioso de la obra y biografía de Sullivan, nos cuenta que Harry crece entre mujeres: la abuela materna, la madre (que desparece y reaparece, según sus crisis) y la tía Margaret (Maggie). Su padre se presenta como una figura remota y poco comunicativa. Es un niño solitario, que suplirá sus carencias de vínculos con compañeros imaginarios. Inseguro y con muy baja autoestima, desarrolla una intensa fobia al color azul. Datos que hablan de una persona a quien la vida no le fue de color de rosa.
Sullivan será un catalizador que nos facilita conocer nuestra naturaleza interpersonal, a partir tanto de sus experiencias personales de sufrimiento emocional y de sus crisis psíquica, las cuales influirán en el desarrollo de su obra.
Inicia estudios en Smyrna en 1898 con seis años y medio, en una escuela unitaria donde es marginado por sus compañeros por ser “demasiado listo para ser un irlandés católico pobre”, a la par que empieza a ser apreciado por sus maestros, en base a su inteligencia. Es apoyado por su madre que le empuja al éxito, y también por su tía materna, que está soltera y es maestra. (1)
Después de una adolescencia no carente de problemas, en 1917 se licencia en medicina. Y en 1921 inicia su formación psiquiátrica en el prestigioso hospital St. Elizabeths Hospital (Washington, DF). Una institución famosa por el cuidado y comprensión con la que se trataba a los pacientes, que estuvo dirigida por William Alanson White, donde Sullivan realiza su práctica clínica con los pacientes clasificados de esquizofrénicos.
Por qué hablar de H. S. Sullivan
1- Porque cuando hablamos de la necesidad urgente de un cambio de paradigma psiquiátrico, de que la psiquiatría biomédica hace más daño que bien, de que los tratamientos psiquiátricos basados en las pastillas, (los famosos psicótropos o píldoras mágicas) cronifican y deterioran, son causa de mucho sufrimiento y de deterioro significativo de la salud, cuando hablamos de que los antipsicóticos dañan el cerebro, y merman las capacidades de las personas afectadas en la resolución de los problemas , a veces escuchamos que si vacías la casa del tratamiento psiquiátrico actual, ¿con qué te quedas? No hay nada mejor, nos argumentan: Las contenciones a veces son necesarias e imprescindibles, los fármacos hacen que las personas estén más tranquilas y han dado lugar a que las personas estén en la calle y se cierren los manicomios.
2- Porque la realidad de la evolución, de la historia de la psiquiatría, no es tal como nos la han contado. La psiquiatría actual biomédica y predominante tiene entre sus distorsiones no sólo habernos engañado con un desequilibrio bioquímico del cerebro que no existe, un ocultamiento de los graves efectos y peligros de los psicofármacos, y otras técnicas como el electrochoque, que se sigue vendiendo en la actualidad como un tratamiento estrella, sino que ha enterrado, invisibilizado casi totalmente, a los grandes de su profesión, a los psiquiatras que han aportado formas de trabajar y de encarar los problemas del ser humano desde una vertiente no basada en la farmacología sino en la compresión de su conducta.
3- Entre estos autores enterrados en un baúl cerrado a cal y canto está la figura de H. S. Sullivan. Hoy día, excepto en ciertos ambientes, y a pesar de todo lo que aportó, no se le conoce. Se nos ofrecen, y lo son (importantísimas), las teorías de Diálogo Abierto y otros tratamientos actuales como novedosos, pero sus raíces hay que buscarlas más atrás y reconocer que muchas cosas ya fueron escritas, y que han sido censuradas y olvidadas como si lo ocurrido a partir de 1950 con los antipsicóticos tuviera que ser la columna vertebral que sostiene el tratamiento de los problemas de la salud mental graves, y los disidentes surgieran con la antipsiquiatría de los años sesenta y Ronald Laing, Cooper, Basaglia, a la que hoy día la psiquiatría biomédica desprestigia.
La entrevista psiquiátrica. Una de las obras fundamentales de Sullivan
Se nos presenta como un buen paradigma de lo que debería de abordar cualquier profesional que se quiera empezar a poner en los zapatos del entrevistado, a tener una compresión real de lo que le pasa.
Parte de varios principios importantes. (2)
- Tiempo. A la persona no se la puede conocer nada más llegar, sino que se requiere tiempo, tiempo para hablar con ella, y entender lo que nos quiere decir. Es claro para Sullivan que lo que le pasa a la persona tratada no se entiende a la primera.
A la vez hay que tener datos detallados sobre la persona y todo lo que le rodea abarcando los distintos ambientes con los que inter-relaciona, familia, amigos, trabajo, entorno social y cultural.
- Escucha. A veces se emplea el lenguaje más como medio de defensa que de comunicación, y con frecuencia lo que se habla sirve para mantener a la gente a distancia para protegerse de la propia ansiedad.
Sullivan planteará que cuanto más convencionales son las declaraciones de una persona, más dudoso es que uno tenga la menor idea de lo que nos quiso decir. (p. 43, 2)
- Profesional como observador participante. Otro principio es que el profesional no es un observador pasivo y objetivo, sino que lo que hace y dice afecta al entrevistado, constituyendo una parte del proceso del tratamiento. Es un observador participante que inter-relaciona con el entrevistado.
- Relaciones con el entorno. Uno de los temas más importantes es analizar la forma en la que el entrevistado se relaciona con los demás, porque en la superación de las dificultades de relación está la posibilidad de su bienestar.
- Manejo de la ansiedad. No hay que olvidar que la ansiedad es uno de los motores del malestar emocional y el llegar a las causas que la producen nos abre el camino para resolverla, y mejorar.
- Semejanzas en vez de diferencias. Sullivan propone ver a la persona sin prejuicios, enfocándose en sus semejanzas funcionales con las personas de su entorno más que en sus diferencias patológicas.
- Visión de la entrevista. Un proceso de construcción conjunta para aumentar la claridad del paciente sobre sí mismo sigue siendo la base del buen ejercicio profesional.
- Empatía y alianza terapéutica. Hay que señalar la importancia de ambas para obtener resultados positivos, lo que derivadas de su enfoque siguen siendo fundamentales hoy día.
Una alianza terapéutica no se logra en un par de horas. La persona tiene que confiar, y cuando alguien está muy afectado por problemas en el vivir que le crean ansiedad, las barreras no se caen al momento.

Reflexiones para un cambio de paradigma
Si ciertamente se tuvieran en cuenta estos principios de la obra de Sullivan y se estudiaran en los manuales de psiquiatría, ya se habría dado un paso para el cambio.

Ahora, en la actualidad el factor tiempo es casi inexistente, lo que agrava los problemas de las personas tratadas. En palabras de Marino Pérez Álvarez, se escucha al fármaco, no al paciente y esta queja y análisis de la realidad del catedrático de psicología sigue estando vigente.
La escucha sigue siendo la del síntoma, no la del paciente. La escucha que propone Sullivan va más allá de las palabras. El síntoma es una defensa que enmascara un problema mucho más profundo.
La psiquiatría oficial, la biomédica, usa el síntoma para el diagnóstico. La prescripción de fármacos tapa la ansiedad, cuyo análisis es importante realizar, porque la ansiedad es un malestar que se encuentra en la mayoría de los diagnósticos. Y tapar la ansiedad con un fármaco, muy habitualmente, supone dejar a la persona menos capaz de analizar las causas de sus malestares, y de asumirlos. Restamos, no sumamos. Andamos al revés.
El profesional debe ser un observador participante en el tratamiento. A quien padece lo que llaman un «trastorno» no se le debe quitar la opción de tomar las riendas de su propia vida porque su patología se considere grave. No se le puede quitar la capacidad de decidir sobre su medicación, sobre su internamiento. Todas estas decisiones afectan a la persona que está pidiendo ayuda, porque todas afectan a la dinámica de la relación y la entorpecen, si uno no siente que se trabaja con ella desde el respeto.
Sullivan es sutil, en esta relación, entrevistador–entrevistado, una de las cosas que entorpece es el hecho de tomar notas, porque no facilita la comunicación. (p. 72, 2)
Dirá y con mucha razón: … los pacientes al igual que el resto de nosotros pueden hablar por lo general con relativa libertad, si sólo su memoria y las del entrevistado han de ser consultadas posteriormente respecto a lo que han dicho. (p. 72, 2)
Otras de las realidades de las que en su obra nos hablará Sullivan están relacionadas con el problema del diagnóstico. La prudencia de Harry contrarresta con la realidad observada en los diagnósticos del presente. Al paciente se le ve poco tiempo y se le diagnostica rápidamente, con unos datos basados en entrevistas poco profundas y tomadas al pie de la letra, y otras veces, distorsionadas. El paciente lo comprueba cuando por diversas circunstancias accede a la misma, a su historia clínica. Es muy frecuente que el entrevistado se queje de que lo que dicen que dijo no es cierto, y también de la intención de lo dicho. Lo que contó fue mal interpretado y mal reflejado en los informes realizados.
De este reflexionar profundo y pausado sobre lo que se ha dicho en una entrevista, que no se puede explicar en una primera mirada la realidad del analizado, hablará Sullivan, sugiriéndonos prudencia.
Como señala el autor, también lo hacen otros profesionales en el presente, hay que tener en cuenta que un pronóstico desfavorable puede hundir al paciente, y hay que evitar la destrucción de la esperanza de cura. El primer y ético motivo, basado en la ética, es que no se sabe con certeza cuál es el futuro de alguien en cuanto a su evolución. Honestamente, no se tiene la bola de cristal. Como dice Van Os, no se puede predecir la evolución de una psicosis en el 80% . No es así como obra la psiquiatría biomédica, para quien ciertas enfermedades se diagnostican como incurables y para toda la vida. Prima en los tratamientos que el paciente tenga conciencia de enfermedad. Y de esta conciencia no existen parámetros para que pueda ser evaluada objetivamente. Es una falacia que hace terrible daño. Una persona a la que se le califica de esquizofrénica pasa a tener el cartel puesto sobre las espaldas para toda la vida, y se obra en consecuencia obligándola a medicarse, sí o sí, por muchos especialistas, que mandan depot, inyecciones de antipsicóticos obligatorias, con la idea de que si no las toman el esquizofrénico va a volver a recaer. Lo cual se sabe por estudios trasversales realizados por la ONU que no es cierto.
Es importante para Sullivan que el paciente no se encuentre desacreditado, ni pierda por completo la fe en sí mismo. La persona debe de retirarse de la entrevista con grandes esperanzas y con una comprensión mejorada de cuál ha sido su dificultad o aflicción. (p. 233, 2)
¿Qué hace la psiquiatría biomédica? Repetimos, usar mantras. Con dos de ellos, nefastos, de que el paciente no tiene conciencia de enfermedad y que no se adhiere a la medicación, se le machaca a él y a la familia. Otros profesionales del Sistema de Salud Mental, como los psicólogos clínicos de orientación biomédica, hacen comprometerse a la familia en apoyar esas teorías. A la vez que se les explica insistentemente que tiene que ayudar al tratado a ser consciente de su enfermedad y de la necesidad de adherirse al tratamiento. Enfoques fomentados por las farmacéuticas que realmente sustituyen a la palabra, y a la elaboración de la angustia.
Harry Stack nos explicará que la ansiedad es una defensa ante una realidad más dolorosa, y que el entrevistador no puede aplastar las defensas del paciente, ni puede acosarlo haciéndole ceñirse rígidamente a las realidades que él estima, como algunos profesionales hacen según Sullivan … de esta manera jamás le será posible obtener información útil… el analista deberá de evitar todo descuido en lo que se refiere a provocar ansiedad… Todo aquel que avance sin consideración hacia el poder disyuntivo de la ansiedad en las relaciones humanas, jamás aprenderá a ser un buen entrevistador. (p. 127, 2).
Muy frecuentemente son las relaciones con el entorno las que han producido esa defensa de la ansiedad, y es sobre todo lo que rodea al paciente, su vida relacional, familiar, social, de estudio, profesional, todo lo relacionado con lo que sea significativo para encontrarse mejor, lo que se debe tratar. En base a estos principios desarrolla una de sus obras más importantes la titulada Teoría Interpersonal de la psiquiatría.
La psiquiatría biomédica usa los mantras de que el paciente no tiene conciencia de enfermedad y que no se adhiere a la medicación, dos preceptos con los cuales se machaca a él y a la familia.
Como se ve los puntos de apoyo de un buen tratamiento están en otros centros muy distintos que no se llaman medicación, internamiento involuntarios… sino en la palabra y la comunicación.
Seguiremos con las aportaciones de Sullivan en una segunda parte. Es un faro en el camino de honestidad y reflexión.
Fdo.: M.ª Rosa Arija Soutullo . Psicóloga
21 de enero de 2026
REFERENCIAS.
(1) Ávila Espada, Alejandro. H.S. Sullivan. La persona, la teoría, la clínica interpersonal. La tradición interpersonal. Cap. 3. Ágora Relacional 2013
(2) H. S. Sullivan. La entrevista psiquiátrica. Editorial Psique. Buenos Aires. 1971
