Dos testimonios resumidos, como pinceladas largas para un boceto rápido, que nos meten en el disparate de uno de los graves efectos de los antipsicóticos. La Discinesia Tardía está fundamentalmente producida por los mismos.
El caso de Analisa Corral
Analisa Corral es un ejemplo de discinesia tardía, y de lucha contra la misma.
Era bailarina de ballet y jazz, y una prometedora violinista de conciertos, cuando a los 20 años le diagnostican trastorno bipolar tipo 2. Una medicación inicial le provocó una acatisia leve. Su médico se la retiró y le recetó Seroquel. De repente un día se desplomó en el suelo agitando las extremidades. Tenía una discinesia tardía.

Sentí una opresión muy fuerte en los omóplatos, como unos calambres… Dejé de tomar Seroquel. El psiquiatra ni siquiera me dijo el nombre de lo que era, sólo que podía pasar… Consulté a varios médicos y todos me dijeron lo mismo. “Lo siento, esto puede pasar. Podría ser permanente y realmente no tenemos nada que lo cure”.
Le cambió la calidad de vida. No podía sostener un tenedor para comer, ni cepillarse los dientes. Si se movía demasiado los temblores volvían. No podía tocar el violín, ni bailar, ni ir a la escuela. Tenía muchísimo dolor.
Analisa relata que se le debería de haber advertido, para poder observar los inicios. En su opinión la medicación cuanto antes se deje es mejor para evitar un trastorno de discinesia.
Si tuviera que empezar de nuevo no tomaría ningún medicamento.
Se ha acostumbrado a controlar los síntomas bipolares sin medicación. Tuvo que buscar terapias alternativas para curar la discinesia. Fue un camino largo y costoso. Su vida de bailarina se truncó. Aún necesita tener cuidado con ciertos movimientos, no ha llegado a levantar el violín porque le duele el hombro y le dan calambres.

Sus videos se encuentran en Youtube y personas que experimentan discinesia tardía le contactan. Dirige un grupo de apoyo para la discinesia.
En cuanto a su medicación, comentamos, el Seroquel, el antipsicótico que tomó Analisa, es un antipsicótico atípico compuesto por quetiapina.
Entre los efectos secundarios que produce la quetiapina están la sedación intensa, el aumento de peso, los mareos, la boca seca, el estreñimiento. Los riesgos más graves incluyen síndrome neuroléptico maligno, movimientos incontrolables, acatisia y discinesia tardía, pensamientos suicidas y alteraciones metabólicas.
Nos hemos centrado en la discinesia tardía, porque fue el síntoma que más le afectó y le cambió su vida.
El caso de Joey Marino
Joey Marino era un actor estadounidense que murió en el año 2024. Primero le recetaron Prozac, que le provocó pensamientos suicidas en seis días. Como el Prozac no le ayudó, le recetaron Propranolol, Trazodona, Klonopin y Valium, entre otros. También le dieron Seroquel. Desarrolló acatisia, discinesia tardía y distonía alrededor del año 2021.

Padeció una discinesia tardía severa. Movimientos incontrolables involuntarios, descritos como músculos y huesos tensos en constante contracción y flacidez.
Debido al daño neurológico, sus manos se cerraban y abrían rápidamente, se sobre apretaban y aleteaban sin control. Todo ello le impidió continuar con su carrera de actor, en donde ya tenía realizada una trayectoria importante.
Joey experimentaba una sensibilidad extrema en la piel, donde el tacto resultaba doloroso, incluso a través de la ropa.
Estas condiciones físicas generaron que la gente se asustara de él y alteraron su capacidad para sentir e interactuar normalmente.
En el 2021 Marino publicó un poema titulado Postrado, en Mad in América, detallando la agonía física causada por el daño:

El 29 diciembre de 2023 Joey decidió voluntariamente dejar de comer y beber. Murió el 14 de enero de 2024 tras una dura batalla de diez años.
Según su biógrafa Carly McCarter: No quería pasar el resto de su vida postrado en una cama, sin poder disfrutar de la vida que una vez tuvo y que tanto amó.
En TikTok y en Youtube están colgados algunos de sus vídeos, que te dejan sobrecogido cuando los visualizas. Ahí está el daño de los antipsicóticos.
Disquisiciones sobre la Discinesia Tardía y los antipsicóticos
En Estados Unidos a fecha del 2021 más de 500.000 personas viven con discinesia tardía. La DT implica movimientos involuntarios y repetitivos de la cara, las extremidades, el torso y otras partes del cuerpo. Para la Organización Nacional de Discinesia Tardía esta afección se debe al tratamiento con bloqueadores de los receptores de la dopamina durante un periodo prolongado.
Como se puede deducir, está directamente relacionada con el uso de los antipsicóticos de primera y de segunda generación.
Los llamados Antipsicóticos Típicos de primera generación incluyen: Haloperidol, Clorpromazina, Proclorperazina y Tiapride.
Los llamados Antipsicóticos Atípicos de segunda generación incluyen: Risperidona, Olanzapina, Quetiapina, Ziprasidona, Clozapina, Paliperidona, Asenapina, Iloperidona, Lurasidona, Brexpiprazol y Cariprazina.
Las estimaciones de prevalencia en estudios europeos indican que aproximadamente el 22 % de los pacientes tratados con antipsicóticos desarrolla discinesia tardía. Hay un impacto determinado según la edad, y la prevalencia es significativamente más alta en personas mayores de 45 años tratadas con antipsicóticos.
Se ha observado que la prevalencia es mayor con la toma de los antipsicóticos llamados Típicos o de primera generación, en donde se produce cerca de un 30 % de afectados, en comparación con los antipsicóticos de segunda generación llamados Atípicos, en donde la prevalencia está alrededor del 20 %.
La discinesia tardía a menudo se diagnostica con retraso, ya que los movimientos involuntarios pueden no ser reconocidos como un efecto secundario neurológico.
Se conoce que dadas dosis similares del mismo antipsicótico, existen diferencias entre individuos en la posibilidad de desarrollar discinesia tardía, que se pueden deber a múltiples causas.
Desde otro campo de la medicina se sabe que los antieméticos como la Metoclopramida y la Prometazina, utilizados para tratar trastornos gastrointestinales, náuseas, pueden causar también discinesia tardía. No entramos en la valoración de este efecto, que estaría en el ámbito de otro campo de la medicina.
Un estudio realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale estima que el 32 % de las personas tratadas con tranquilizantes mayores (antipsicóticos) desarrolla tics después de cinco años de tratamiento, el 57 % a los 15 años de tratamiento y el 68 % a los 25 años.
Otro estudio con mayores de 45 años, relatado como el anterior en Wikipedia, indica que el 26 % de las personas desarrolló DT después de un año de tratamiento con antipsicóticos. El 60 % después de tres años, y un 23 % desarrolló casos graves de DT en este mismo periodo de tiempo, tres años. Siguiendo estas estimaciones aportadas, la mayoría de las personas desarrollarán discinesia tardía si continúan con el tratamiento de antipsicóticos.
Hemos expuesto uno de los efectos graves del uso de los antipsicóticos. Y una pregunta nos salta al aire. ¿Quién es el responsable de la muerte de Joey Marino? ¿Joey por que se suicidó? ¿O… fue afectado por un paradigma psiquiátrico biomédico que parte de tomar como costumbre pasar del consentimiento informado, y recetar en escalada, una tras otra, pastillas, con polimedicación frecuente y obrando como si desconociera los efectos de los medicamentos empleados?
¿Acaso no están implicadas las farmacéuticas, que para aprobar sus productos, como en el caso del Prozac distorsionan sus datos en las investigaciones? ¿No tienen su corresponsabilidad las agencias de control de medicamentos, obrando con laxitud? ¿Y quiénes son los responsables de las agencias de medicamentos? Es una larga cadena donde Joey es una víctima y el más perjudicado.
¿Es Joey Marino un suicida? O quizás, se le suicidó. Lo cierto es que no parece interesante para la psiquiatría biomédica, ni para los investigadores, cruzar datos y estudiar qué tienen que ver sus técnicas, y los efectos secundarios de las mismas con el suicidio.
Todo se tapa, y la Big Pharma juega a ponerse del lado del usuario dando dinero para las campañas de prevención del suicidio a distintas asociaciones, dando una imagen de buenos y colaboradores, cuando lo que van es a su negocio.
Según datos recogidos en distintos estudios, el mercado global de antipsicóticos muestra una sólida trayectoria ascendente. Se estima que el mercado global pasó de valoraciones cercanas a los 12.000 millones de dólares en el 2020 a 17.500 millones en el 2024. Y las previsiones son al alza para los próximos años…
En España la cuota de mercado creció del 9,8 % en el 2011 al 16,4 % en el 2016. La tendencia desde el 2020 al 2024 sigue siendo ascendente, con un mayor uso de los atípicos y de los inyectables. También hay un aumento de su uso en niños, adolescentes y ancianos.
Las empresas líderes, muchas ellas con demandas en los tribunales americanos por los efectos producidos a sus consumidores, que se benefician de estas superventas son: Eli Lilly, AstraZeneca, Johnson & Johnson, Pfizer y Brystol-Myers Squibb.
Podríamos contar más casos de discinesia tardía, como el de Erik Schneider que sufrió una tormenta distónica, contracciones musculares severas, que le dejó en una silla de ruedas, o el de April quien relata que la DT afectó a su vida social y laboral, o la de TaperMD, otro superviviente con movimientos incontrolables tras intentar dejar clozapina y olanzapina, o el de Joan y otros muchos. Estamos hablando de unas cifras de afectados escandalosas.
Advertencias de tres grandes profesionales
Las palabras de tres grandes profesionales a la hora de analizar el uso de los antipsicóticos son claras y contundentes:
PROVOCAN DAÑOS GRAVES.
- A Peter Breggin le llaman la conciencia de la psiquiatría. Empezó a trabajar en la década de los cincuenta. Hoy tiene 89 años. Sus planteamientos y reflexiones siguen estando vigentes.
Su obra más conocida es Psiquiatría tóxica. Defiende que la terapia, la empatía y el amor deben de reemplazar a los fármacos, centrándose en el tratamiento psicológico y humano. También argumenta que la psiquiatría moderna está impulsada por intereses económicos más que por el bienestar del paciente.
- Lars Martensson, al que parece que internet ha metido debajo de la alfombra, ya en la década de los años 80 del siglo XX dijo que los antipsicóticos deberían de prohibirse por sus graves daños sobre la salud y el sistema nervioso. Cuando la persona cae en una crisis psicótica necesita todas sus capacidades mentales para enfrentarse a la problemática que vive.
- Peter Gøtzsche, de lectura imprescindible, no se queda atrás. Sus obras han alcanzado importante divulgación. En Psicofármacos que matan y denegación organizada plantea que los fármacos psiquiátricos son la tercera causa de muerte después de las enfermedades cardíacas y el cáncer. Denuncia que los fármacos matan a personas, especialmente a ancianos, y que la industria farmacéutica y los psiquiatras lo ocultan. Otra obra de importante lectura es la titulada Kit de supervivencia para la salud mental y retirada de psicofármacos, publicada en 2020.
La realidad, cuando analizas el uso de los antipsicóticos, es que sus daños son tremendos y curar… no curan nada. No están hechos para ello sino para sedar.
Fdo.: M.ª Rosa Arija Soutullo
Psicóloga
Marzo 2026
REFERENCIAS:
1- Health Central. healthcentral.com
2- National Organization for Tardive Dyzkinesa https://tdhelp.org/
3- Carly McCarter, La muerte de Joey Marino, 26 de abril 2024, Made in América
4- Discinesia tardía en Wikipedia.org https://es.wikipedia.org/wiki/Discinesia_tard%C3%ADa

