¿Por qué estoy aquí después de lo que le ocurrió a mi hijo?


El camino del aprendizaje y del crecimiento ha sido una elección personal.


En este espacio siento que desnudo mi alma para mostrar lo vivido: mis experiencias y mis vivencias emocionales. Pero lo hago libremente por si pudiera servir para algo, o para alguien, con la triste constancia de que hay muchas personas perdidas, que no saben qué hacer, a quién acudir, en quién buscar consuelo y ayuda efectiva. No conocen otras herramientas ni otras maneras de afrontar estos procesos. Dejan de buscar diferentes alternativas si el sistema les enseña que sólo hay medicación.

Estar aquí es un viaje, una ruta que en principio no escogí, pero en el que voluntariamente decido continuar con ahínco y dedicación, porque creo en la urgente necesidad de un cambio de paradigma y porque me entusiasma profundizar en el ser humano como ente psíquico, en su espiritualidad, en su manera de emocionarse y sentir, en su forma de percibir y entender las relaciones, en sus creencias, en cómo proyecta su mundo interior, en sus miedos, en el ego y el inconsciente… en todo lo que tendrían que tener en cuenta los profesionales cuando atienden a una persona que sufre, en lugar de ver sólo un enfermo.

¿Qué quiebra el alma? me pregunto. La locura no está en la mente sino en la cotidianidad, basta con rascar en la biografía: impactos emocionales, experiencias traumáticas…en resumen, un cúmulo de desgracias. Y cada uno ha escrito su propia historia, no se puede generalizar en las cajoneras de las etiquetas diagnósticas.

La vida es caminar más que alcanzar un objetivo o llegar a la meta. Nuestro camino lo vamos trazando acompañando a nuestro familiar, cercanos, amorosos, respetuosos, libres de juicio y prejuicio, sin empujar ni presionar, con paciencia, pero a la vez con firmeza (la sobreprotección es mala compañera en este viaje), y teniendo en cuenta que nuestro bienestar no debe depender de su malestar, no podemos cargar más su mochila, bastante tienen con su sufrimiento y sus dificultades.
Y la mirada, cuán importante es. Que sea limpia, transparente, natural; no llena de miedos, de desesperanza, de ira. Como va a ser lo mismo ver un ser humano, con su dolor, sus debilidades y sus carencias, que un enfermo sin remedio, en muchos casos rechazado por el entorno y por la sociedad en general.

Me costó mucho entender que es un proceso personal, de mi familiar no mío, aunque paralelamente yo tenga el mío propio. Cada uno sostiene su desconsuelo, tramita su curso y necesita sus tiempos, en un sendero de aprendizaje, de cambio y transformación para ambos. Aunque los profesionales de la psiquiatría ortodoxa se emperren en etiquetar y actuar según procedimientos estándar, no hay actuación más personalizada que la de acompañar a una persona con un sufrimiento psíquico.

Mi agradecimiento a este espacio. Y a todas aquellas personas, cuyo listado es demasiado largo para detallar aquí, que a lo largo de estos años me han ayudado a comprender los llamados trastornos mentales desde una perspectiva que nada tiene que ver con lo que aparece en los libros donde se estudian ni con lo que predica la psiquiatría oficial.  

Eva Martínez Conde, Médico

 Asociación de Afectados por la Psiquiatría (Apsi)
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.