Javier Álvarez, psiquiatra y fundador de Nueva Psiquiatría
Soy fiel difusora de su mensaje
Ponferradino de nacimiento, ejerció su profesión durante cuarenta años en el sistema público de salud. Le llamaban el psiquiatra loco porque, desde su cargo en el servicio de psiquiatría y después como jefe del mismo, fue muy crítico con la manera en la que se abordaban los pacientes, muy diferente al método que él aprendió y que practicaba: humano, cercano, de escucha activa, donde el diagnóstico ni era importante ni necesario, lo fundamental era la persona, el sujeto al que se atendía.
Sin querer estar con los brazos cruzados, y entendiendo que había que hacer algo, cuando Javier Álvarez se jubila en el 2015 funda Nueva Psiquiatría. Esta asociación nace para denunciar la catastrófica deriva de la psiquiatría, sobre todo desde los años 80, y para ayudar y apoyar a las personas que han quedado atrapadas en el sistema, que han acabado cronificadas y estigmatizadas de por vida.
Javier Álvarez, un ejemplo de psiquiatra que desarrolla un método humano, cercano, de escucha activa, donde el diagnóstico no es ni importante ni necesario, lo fundamental es la persona, el sujeto al que se atiende.
¿Y cómo se transforma una psiquiatría francamente humanista y con alma (principios del siglo XX), donde lo importante era la relación terapéutica y el acompañamiento al paciente, en una psiquiatría donde sólo se contempla el cuerpo, lo biológico? Nos situamos en el año 1950, cuando se ponen en boga los manuales diagnósticos, concretamente el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, desarrollado por la Asociación Americana de Psiquiatría). Nace con el pretexto de unificar la terminología, los conceptos y el lenguaje de los cuadros psiquiátricos que habían ido apareciendo, pero sin imponer los criterios para hacer un diagnóstico. De hecho, era secundario, lo primordial era el paciente, el ser humano sufriente. Se publicaron entonces el DSM1 y más tarde el DSM2, cumpliendo su cometido.
Desgraciadamente para el tema que nos ocupa, en 1980 se edita el DSM3 con 265 categorías (había unas 105 en el DSM1), comenzando la desastrosa deriva psiquiátrica que tenemos, porque obliga al profesional a hacer un diagnóstico, y porque facilita mucho el método para hacerlo. De la noche a la mañana, aumentan exponencialmente los trastornos mentales produciéndose la psiquiatrización masiva de la sociedad occidental. El psiquiatra no advierte a un ser humano con su biografía, sus posibles experiencias traumáticas e impactos emocionales, sino que sólo busca identificar síntomas con los que emitir una etiqueta diagnóstica, dos, tres, cuatro… qué más da. Sin existir un solo marcador bioquímico constatable ni detectable para poder hablar de enfermedad, sin alteraciones morfológicas, sin ninguna prueba que permita hacer un juicio clínico, sin nada de esto, se permiten dar un nombre médico que marcará al paciente de por vida.
¿Podemos hablar de un auténtico conflicto de intereses? Sin duda, las multinacionales farmacéuticas jugaron, y juegan, un papel definitivo, además de que el sistema lo ha favorecido y permitido. Como dice José Luis Marín, psiquiatra y psicoterapeuta: Se acabó el cuento del desequilibrio químico. Solucionemos el desequilibrio del poder. La medicación es un recurso más pero no el tratamiento, como nos han hecho creer.
José Luis Marín, psiquiatra y psicoterapeuta: Se acabó el cuento del desequilibrio químico. Solucionemos el desequilibrio del poder.
Gracias Javier por todos estos años de entrega y de lucha, si Dios quiere serán muchos más. Doy fe que sigues al pie del cañón.
Eva Martínez Conde, médico
Asociación Nueva Psiquiatría: https://nuevapsiquiatria.es/
Contacto: info@nuevapsiquiatria.es
