25 Mayo 2026

¿Hasta cuándo vamos a permitir que el sistema de salud mental actúe como un estado de excepción donde los derechos humanos dejan de existir?

Entrar en una unidad de psiquiatría debería ser el primer paso hacia la sanación, un espacio de cuidado, empatía y protección para personas en su momento de mayor vulnerabilidad. Sin embargo, en Puerto Real, la realidad que se esconde tras las puertas cerradas es otra muy distinta. Es una realidad de abuso, de abandono y de la más absoluta vulneración de los derechos fundamentales.

Hablo desde la propia experiencia. Hablo porque mi cuerpo y mi mente, ahora libres de consumo y en pleno proceso terapéutico, han empezado a asimilar el trauma y a exigir justicia por lo que viví allí.

Fui sometido a una contención mecánica durante 48 horas ininterrumpidas. Dos días completos atado a una cama. Sin ningún tipo de supervisión, aislado, despojado de toda dignidad y tratado no como un paciente que necesita ayuda, sino como un problema al que hay que inmovilizar y silenciar por la fuerza.

La contención mecánica prolongada y sin supervisión no es un tratamiento médico; es una forma de violencia y negligencia extrema.

Cuando te atan de pies y manos y te abandonan a tu suerte durante horas y horas, te arrebatan mucho más que la libertad de movimiento. Te destrozan por dentro. ¿Dónde quedan los protocolos médicos? ¿Dónde está la humanidad y la ética de quienes han jurado proteger nuestra salud? La respuesta en Puerto Real fue un silencio cómplice, un sistema burocratizado que avala prácticas crueles, arcaicas y deshumanizadoras.

Sé que no soy el único. Este tipo de abusos se esconden tras la opacidad de los pabellones psiquiátricos. Se aprovechan del estigma que rodea a la salud mental, jugando con la ventaja de que la voz de un paciente ingresado es sistemáticamente ignorada, desacreditada e invalidada de cara a la sociedad. Si a cualquier ciudadano le hicieran lo que me hicieron a mí, los responsables estarían sentados frente a un juez. Pero si le ocurre a un paciente psiquiátrico, se archiva como «protocolo».

Pero el silencio se ha terminado. He recuperado mi voz, mi lucidez y mis fuerzas, y las voy a usar para denunciar públicamente lo que ocurre en esas habitaciones.

Exijo justicia, no solo por mí, sino por todos los que han pasado por ese infierno y no han podido contarlo. Exijo que se revisen las negligencias en Puerto Real, que se depuren responsabilidades —para lo cual ya estoy evaluando las medidas legales pertinentes— y que dejemos de mirar hacia otro lado.

Ningún ser humano debe ser sometido a la tortura de estar 48 horas atado a una cama. Que este mensaje llegue a cada rincón hasta que las cosas cambien. Nunca más.

José Jaime Juliá Lemos

Fuente: https://www.portaldecadiz.com/provinciacadiz/160332-cartas-al-director-48-horas-atado-a-una-cama-la-tortura-silenciosa-en-el-psiquiatrico-de-puerto-real