Edgar es trabajador social y activista por los derechos humanos en el ámbito de la salud mental. Todo comenzó con 15 años: ingreso involuntario, etiqueta diagnóstica y cronicidad. Pero un libro le llena de esperanza y descubre otra verdad.
También encuentra un referente que lo cambia todo: un educador social que en plena crisis no lo reduce, no lo violenta, solo lo acompaña. Ahí lo ve claro: se puede hacer distinto, sin hacer daño.
Se aferra a un propósito: la justicia social. Se forma, trabaja y empieza a cuidar a otros como a él le hubiera gustado que lo hicieran: con respeto, presencia y humanidad.
Con la paternidad vuelve a tener otra crisis, pero se levanta otra vez. ¿Cómo?: Poniéndose en el centro, escuchándose, bajando la exigencia y tratándose mejor.
Integra espacios terapéuticos, como Diálogo Abierto, donde habla lo que nunca pudo decir y repara vínculos.
Y transforma el dolor en acción: activismo y compromiso social, asociaciones, comunidad y lucha colectiva. Pasa de sobrevivir a ser un referente.
