04 de marzo de 2026

Los españoles pierden la confianza en su sistema sanitario, especialmente en materia de salud mental. Cada vez están más deprimidos, medicados y saturados. El doctor José Luis Marín, presidente de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, propone una nueva mirada para corregir las latentes deficiencias del sistema sanitario actual, empezando por las clínicas de psicoterapia. En su nuevo libro, La salud mental no existe, la Salud sí, hace un ‘diagnóstico’ de obstáculos y problemas a los que se enfrentan los profesionales de la salud mental, llamados a liderar una nueva revolución médica.

Su libro muestra una visión del sistema de salud en crisis y propone una revolución en psicoterapia. ¿Esta debe ser metodológica, ética o conceptual?

La revolución tiene que afectar a todo el sistema, no solo a la psicoterapia. Estamos descontentos todos, no solo pacientes y usuarios, sino también los médicos, que se dan cuenta de que los resultados son malos. Tenemos que estar implicados todos los agentes, la población y la sociedad. El paradigma actual está obsoleto y el sistema de creencias que ha sido útil en los últimos 100 años, ahora ya no sirve.

A raíz de la pandemia del COVID-19 comenzó a percibirse esa ruptura del sistema de creencias, sobre todo por el aumento exponencial de trastornos en la población. ¿Cree que nos encontramos ante una pandemia de trastornos o ante una pandemia de diagnósticos?

La pandemia fue una situación de crisis social, y lo que ocurre con las crisis es que destapan algo que ya estaba latente. Fue un experimento social que destapó nuevas relaciones con la medicina, la ciencia y el conocimiento, evidenció lo vulnerables que somos y la vinculación sutil que tenemos con los medios familiares. El deterioro ya existía, pero aquello nos puso delante de nuestras propias incongruencias. Vimos el deterioro de la atención psiquiátrica, la presión de la industria farmaceútica y la pérdida de atención a los pacientes. La mesa estaba coja ya, pero nadie se apoyaba en ella; por eso no se notaba. Cuando de repente aparecieron demandas nuevas y se hizo presión sobre ella, es cuando se notó.

¿Cómo moldean el concepto de enfermedad la industria farmacéutica y el sistema de salud?

La enfermedad mental ha estado siempre modulada por valores culturales. La industria farmacéutica ha influido mucho, sobre todo en cómo se enseña la medicina. Hace lo que tiene que hacer, que es ganar dinero. Es una más de un sistema en el que el único objetivo es ganar dinero. En este escenario, las industrias modelan el concepto de salud, lo que se enseña y lo que no, y lo que es un trastorno mental. La farmacéutica tiene mucha responsabilidad, pero necesita cómplices, y esos somos los médicos, que nos hemos creído algunos tópicos, como el del colesterol y la serotonina. Pero no es justo centrar solamente el problema en la industria farmacéutica. Si hablamos de industrias que hacen daño, la primera es la alimentaria. El 60% de las cosas que compramos en los supermercados es basura. La industria del ocio también influye: el tabaco, el alcohol, los viajes a sitios estúpidos… Pecamos de reduccionismo si pensamos que la industria farmacéutica es la única que ha corrompido la medicina. Es una medicina corrupta que se ha dejado corromper.

En los últimos años ha emergido el marketing y los gurús del bienestar, sobre todo en Internet y redes sociales. ¿Hasta qué punto esta sobreexposición puede estar creando nuevas formas de alienación emocional?

Se ha puesto de moda el tópico de la salud mental, que es lo que yo quiero desmontar en mi libro desde el título. La salud mental no existe como salud separada de otros tipos de salud. No se puede entender la salud mental sin la alimentaria, sin llegar a fin de mes, sin la precariedad, sin los desequilibrios sociales…Sin embargo, hemos creado una industria de la salud mental. Hemos ido de lado a lado, de extremo a extremo. Hace 50 años no se podía hablar de depresión, y ahora encontrar un niño normal en un aula es rarísimo. Cuanto más se habla de salud mental, más diagnósticos aparecen. La gente está mal y eso no se puede discutir. Pero siempre hemos estado mal. La condición humana implica estar bien a veces y otras mal. Hasta ahora. Ahora el estar mal se ha considerado un problema médico, psiquiátrico y psicológico que tiene solución rápida: una pastilla o una psicoterapia. Hemos creado un complejo industrial de salud mental y la psiquiatrización del malestar. Los colectivos médicos y profesionales se quejan de las pseudoterapias, pero por la falta de autocrítica no se dan cuenta de que todo eso está ahí porque los profesionales de la salud hemos dejado ese espacio. Deberíamos llamarnos profesionales de la enfermedad, porque de salud, en realidad, no sabemos nada.

¿El diagnóstico no puede llegar a tranquilizar a los pacientes?

Esa es una de las grandes trampas del modelo actual, que los pacientes necesitan el diagnóstico. Les hemos hecho creer que a corto plazo es así, y hace 40 años podría serlo, pero hoy sabemos que hay mucha leyenda urbana y una etiqueta diagnóstica no explica nada. Lo que necesitan los pacientes es que les mires, saber que le has visto, que le has entendido y que realmente sabes lo que le ha pasado. El motivo de consulta nunca es el problema. El problema comienza muchísimos años antes y tiene que ver con las condiciones de vida y el contexto de la persona. Eso no se alivia con una etiqueta diagnóstica y con la milonga de que les falta dopamina o serotonina, algo que, sin embargo, ha tenido muchísimo éxito.

En su libro menciona que los medicamentos son un recurso y no un tratamiento, y que deben ir acompañados de una actitud psicosomática del terapeuta. ¿Cómo se traduce eso en la práctica clínica cotidiana?

Empieza en las universidades. Para cambiar la mirada hay que saberlo trasladar a los estudiantes de medicina. Los estudiantes se creen lo que les cuentas y es una formación centrada en la enfermedad y en el fármaco; pura biología molecular. Solo el 4% de las horas curriculares de la carrera de Medicina están centradas en las humanidades. En la facultad enseñan a ver enfermedades, y no personas. La mirada que propongo está fuera de este circuito de enseñanza.

¿Qué estrategias funcionan para que se pueda crear una buena sintonía y vinculación entre pacientes y terapeutas?

La creación de la alianza terapéutica es fundamental. Se consigue tratando a la persona con mucho respeto y teniendo mucho cuidado con los tiempos de espera. El simple concepto de sala de espera es un lugar de tormento. Si viene una persona cuya historia traumática es sentirse abandonada, tenerle 20 minutos esperando para atenderle es una tragedia. Hay que tener mucha consideración, preocupación por el marco de seguridad psicológico y la confidencialidad. Si el paciente se siente visto, mirado y escuchado, no tiene problema en compartir la historia traumática que se ha repetido en casi la totalidad de su vida. Si el paciente espera una hora, si cada vez que va a un centro le atiende un psicólogo cada vez, si solo se le ve durante 15 minutos y el profesional no le mira a la cara porque está tecleando en el ordenador… es normal que se bloquee y no cuente nada. Todo tiene que ver con entender que las enfermedades ocurren en personas con una vida. Hay que cambiar la pregunta. No es ‘¿qué te pasa?’ sino ‘¿qué te ha pasado?’. Si le planteas al paciente desde la primera consulta esta mirada, no necesita una etiqueta.

¿Algunas consideraciones finales?

Mi propuesta final no es una revolución sangrienta, es hacer un diagnóstico de lo que falla, pero con buenas intenciones. Es como ir con el coche al taller, ver que algo no funciona y cambiarlo, y es precisamente por lo que abogo. No quiero estar y nunca he estado al margen de la medicina ni de la comunidad científica, solo quiero demostrar que este sistema no funciona. Estoy convencido de que el cambio se va a hacer, pero me da pena el hecho de que vaya a ser por las malas. Las revoluciones de la historia de la humanidad han ocurrido porque no se han puesto soluciones antes. Cada día los españoles tenemos menos confianza en el sistema sanitario español. Aquí no habrá tiros, pero el cambio será reactivo, en vez de ser proactivo, como debería ser.

Fuente: https://www.elimparcial.es/noticia/294554/sociedad/jose-luis-marin-psicoterapeuta-cuanto-mas-se-habla-de-salud-mental-mas-diagnosticos-aparecen.html

 Asociación de Afectados por la Psiquiatría (Apsi)
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