Creencia, no ciencia, de la efectividad de los neurolépticos
Hablamos de las críticas que surgen desde el propio sistema donde la propia creencia en la efectividad de los mismos ha llevado históricamente a cautelas éticas para introducir un grupo de control, cuando se planea una investigación.
Ciertamente les plantea diversos dilemas éticos por la vulnerabilidad de los participantes, el consentimiento informado y el riesgo de daño por la falta de tratamiento efectivo.
El tema es quiénes participan en esos grupos de control. Si son personas a las que se les interrumpe el tratamiento que estaban llevando, pueden ser afectadas, y tener un empeoramiento de los síntomas, mayores riesgos de auto-lesión y probabilidades de hospitalización.
Otra creencia, no ciencia, de la efectividad de los antipsicóticos es el mito de la progresión a largo plazo de la enfermedad, si no se realiza una intervención temprana farmacológica, lo cual entra dentro del terreno de algo no científico.
Aceptación de estudios mediocres
Las cautelas éticas de los estudios sobre la efectividad de los antipsicóticos refuerzan como contrapartida la aceptación de estudios mediocres, o de deficiente diseño, en la valoración de los antipsicóticos.
Es una rueda que está movida desde el paradigma donde se coloca la psicosis. Si ésta se coloca fuera del campo de lo físico, las intervenciones tendrían que ser diferentes, centradas en otras prácticas y abordajes.
Para muchos psiquiatras sería imperativo el realizar ensayos controlados con placebo, lo cual sería una garantía de la validez de las investigaciones. Sólo los estudios con placebo y doble ciego pueden establecer la eficacia real de un nuevo fármaco, diferenciando sus efectos de la mejoría espontánea o del efecto placebo.
Solo los estudios con placebo y doble ciego pueden establecer la eficacia real de un nuevo fármaco, diferenciando sus efectos de la mejoría espontánea o del efecto placebo.
El diseño a corto plazo, es uno de los graves sesgos alejado del uso real de los antipsicóticos, entre otros situaciones problemáticas.
Esta es una limitación reconocida, lo que dificulta una evaluación seria del balance riesgo-beneficio de su aplicación. De hecho el uso prolongado de estos medicamentos se asocia con riesgos adversos graves y acumulativos, entre otros la discinesia tardía (un trastorno de movimiento a veces irreversible), problemas metabólicos (aumento de peso, riesgo de diabetes), deterioro cognitivo, que no se detectan adecuadamente en estudios cortos.

Los inconvenientes de los diseños se usan como argumento para quitar hierro a los malos resultados de los estudios. Mientras para unos son fallos que sesgan los resultados, fallos ocasionados no sólo por los ensayos a corto plazo, sino por las poblaciones de pacientes seleccionadas, en donde se excluyen a menudo pacientes con comorbilidad, abusos de sustancias, crónicos, lo que limita la validez interna, ya que los resultados obtenidos están en muestras idealizadas.
Hay que considerar el hecho de la medición de los resultados que es incompleta, centrándose en la reducción de síntomas positivos (alucinaciones y delirios) pero obviando temas claves como la calidad de vida, el funcionamiento social, o los síntomas negativos y cognitivos que son cruciales para el bienestar del paciente a largo plazo.
Por otra parte hay sesgos en los grupos de control, si estos se hacen con comparadores activos (es decir, otros fármacos) frente a los controladores con placebo.
Cuando hay resultados mediocres, como la gravedad de sus efectos adversos, los autores extreman la cautela para no trasladar los resultados a la práctica clínica. Se cree en la eficacia de determinadas moléculas a pesar de los malos resultados de los metaanálisis. Consideran que son problemas prácticos inevitables que no invalidan la utilización de los fármacos.
Otro hecho es la gran facilidad con la que se aprueba su comercialización partiendo de ensayos clínicos metódicamente sesgados.
Hay un bombardeo constante de estudios de baja calidad. En las investigaciones no se abordan determinadas áreas claves porque caen fuera del sistema de creencias.
Industria farmacéutica, sobrevaloración de resultados y marketing
La actividad de la industria farmacéutica está presente en esta sobrevaloración de los antipsicóticos.
Su intervención va desde el proceso de la obtención de datos y de los ensayos clínicos a cualquier otra área que sirva para promocionar sus productos.
Es parte activa de la formación de los profesionales de salud mental, promueve y paga congresos donde se debaten la utilidad y ventajas de sus productos. Aporta recursos para la creación de las guías clínicas y protocolos.
Las guías clínicas, extremadamente conservadoras, se elaboran por consenso y en general no recogen los datos que contradigan las creencias generales, y con frecuencia están sesgadas por los conflictos de intereses de sus autores.

Las guías clínicas se elaboran por consenso y no recogen datos que contradigan las creencias generales, y con frecuencia están sesgadas por los conflictos de intereses.
Promociona revistas llamadas científicas y participa hasta en las agencias reguladoras. Se encarga de llevar la información, usando técnicas sofisticadas de marketing, a usuarios, médicos de atención primaria, y psiquiatras, y a la sociedad, con una información sobre sus productos sesgada a favor de sus intereses.
La industria farmacéutica promociona revistas llamadas científica y participa en las agencias reguladores.
La venta de antipsicóticos es en el presente, y desde hace décadas un mercado que mueve miles de millones de dólares y en un crecimiento continuo. Los usuarios les importan poco. El centro de su actividad es la ganancia, a pesar de que no sea ni lícito, ni ético jugar con el bienestar y la salud de las personas.
Para vender sus productos, a falta de moléculas originales, sustituyen los antiguos fármacos más baratos, donde ya han caducado las patentes, por otros más caros, no por ello más eficaces. Usa como técnica moléculas derivadas de las anteriores patentadas como nuevas, y el desabastecimiento de las antiguas. Este proceso de desabastecer se puede ver hoy día. Como se refleja en una noticia recogida el 6 de agosto del 2025, en Antena 3, el desabastecimiento de antidepresivos se extiende por toda España, entre las zonas afectadas está Galicia, Andalucía, Madrid, Castilla La Mancha, Murcia, Baleares… La escasez ha comenzado, reza la noticia hace tres meses.
La Big Pharma utiliza su publicidad directa sobre el consumidor en USA. Como en Europa esta publicidad de los psicótropos está prohibida, la misma se realiza de manera encubierta en las páginas web, revistiéndola de ayuda a usuarios y familiares.
El resultado de este marketing farmacéutico supone para Inchauspe y Valverde que tanto los profesionales como los pacientes y sus familiares se encuentren formateados por una cultura generalizada favorable al uso de los medicamentos más modernos y más publicitados.
Antipsicóticos e identidad del psiquiatra: complejo de médico
Otro de los temas es que el uso de los psicofármacos tiene que ver con la identidad de la psiquiatría. Son los internistas de la mente, y su fundamental herramienta de trabajo en la psiquiatría predominante en España son las pastillas, las pastillas mágicas. Sin pastillas, la identidad de la psiquiatría biomédica se queda sin estatus, sin rol que desempeñar, y este es un grave problema para objetivizar, tanto a nivel colectivo como individual.

La identidad de la psiquiatría se vio reforzada por la llegada de la clorpromazina (1950), que tuvo lugar en un momento crítico de su identidad y que sirvió para relanzar la figura del psiquiatra como médico, lo cual se hizo con el apoyo entusiasta de la industria farmacéutica.
El problema de la identidad de la psiquiatría choca con una realidad profunda, y es la identidad del mal llamado trastorno mental. ¿Cuál es la identidad del trastorno? Si lo consideramos en base a un cerebro enfermo, un problema médico, nos parecería suficiente que se mejoraran la calidad de las investigaciones, se mejorara la organización de la salud mental, se incidiera en la industria farmacéutica como responsable de una sobrevaloración de los resultados de los antipsicóticos, y se motivara a nuevos estudios sobre medicamentos que pudieran mejorar la salud. Ahora, como dirá Marino Pérez Álvarez, este es un enfoque cerebrocentrista, falto de cientificidad, los problemas del ser humano r son la expresión de su “estar en el mundo”. Los psiquiatras se mueven con un complejo de médicos.
… en psicofarmacología se invocan desequilibrios químicos que supuestamente corrige una medicación específica anti-esto o lo otro ( lo que nada es cierto: ni el desequilibrio, ni la medicación específica, si acaso algo es cierto es el desequilibrio después de la medicación)…
(M. Pérez Álvarez).
Organización fragmentada y deficiente de los servicios sanitarios
Otro aspecto para que se siga manteniendo la sobrevaloración de los antipsicóticos es la organización actual fragmentada de los servicios sanitarios, en la que los ingresos se realizan en la unidades de los hospitales.
La brevedad del ingreso es uno de los imperativos de la organización que tiene una cara oscura, ya que plantea como objetivo prioritario la sintomatología, sin respetar los tiempos del paciente, y sin consideraciones a largo plazo.
Esta situación se deriva en sobremedicación como pone de manifiesto González Duro y otros autores. Ello atenta contra la recuperación real del paciente. A falta de otras herramientas, que las hay, a consecuencia de ver la salud desde un imperativo de rendimiento económico, se trasgreden las normas éticas del código deontológico. Es lo que hay, podrían decirte, sin palabras, con gesto de no haber roto nunca un plato.
A consecuencia de ver la salud desde un imperativo de rendimiento económico, se transgreden las normas éticas del código deontológico.
El tratamiento posterior, a la salida del hospital, está a cargo de equipos diferentes, con condiciones de tiempo y con recursos muy limitados, lo que no establece las mejores condiciones para que tengan lugar cambios sustanciales en las prácticas de prescripción. Y que sea posible una desescalada adecuada.
Los gestores usan el recurso del benchmarking, o mejores prácticas, que tienen como consecuencia la homogeneización de los tratamientos como criterio de calidad.
Para los gestores es más fácil entender un sistema más sencillo que el que supone la administración de psicoterapia y la de ver al paciente en su individualidad personal. Se le trata como un producto de consumo, en el que ciertas normas parecen garantizar la eficacia, como el mantra de la necesidad de la adhesión a la medicación que una y otra vez se vende, para justificar la buena marcha del uso de los recursos existentes.
Desde un sentido crítico, no hay nada más anti-económico que el sistema actual de atención al paciente psiquiátrico, analizando simplemente las secuelas y pérdidas de calidad de vida que este paradigma provoca. Los recursos no se utilizan de manera eficiente, sino que están inscritos en un sistema de atención a la salud mental que hace aguas por todas partes.
María Rosa Arija Soutullo. Psicóloga
REFERENCIAS:
- Inchauspe Arostegui, José A. y Valverde Eizaguirre, Miguel A. El uso de antipsicóticos en la psicosis. Alcance, limitaciones y alternativas. AEN. Cuadernos técnicos 18. Madrid 2017.
- Gøtzsche, Peter. Kit de supervivencia para la salud mental y retirada de psicofármacos. Instituto de la libertad científica, 2020. Pdf gratis en Primera Vocal, 2025
- Martesson, Lars. Actas de la Conferencia de la Federación Mundial de Salud Mental. Copenhague, 1985.
- Moncrieff, Joanna. Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos. Herder, 2013.
- Pérez Álvarez, Marino. Alternativas a las clasificaciones diagnósticas no faltan. Entrevista a M. Pérez Álvarez, catedrático de la Universidad de Oviedo. Infocop, 19 diciembre 2013.
- Vanheule, Stijn y Van Os, Jim. Entender la psicosis en 33 preguntas. Psara Ediciones, 2024
- Tizón, José Luis. La reforma psiquiátrica. El porvenir de una ilusión. Herder, 2023.
- www.mimedicamento.es. Antipsicóticos. Testimonios.
