La sociedad de la pobreza espiritual

Luz de gas (Gaslighting) es un tipo de abuso psicológico en el que se hace a alguien cuestionar su propia visión de la realidad, haciéndole dudar de su propia memoria y de lo que ha vivido y experimentado. En el ámbito médico se daría el caso de que el médico descalifica o niega los síntomas del paciente.
Yo he tenido varios episodios de luz de gas médica a lo largo de mi vida.
Tengo que decir que hasta el año 2019 yo era lo que la neolengua que controla la narrativa llama “pro-ciencia”, así me definía yo a mí misma. Dentro de mi pobre visión global yo era pro-médicos alopáticos y aceptaba de buen grado todo lo que ellos me proponían, entendiendo que era gente altamente capacitada y preparada para hacer lo mejor por el paciente (obviamente muchos profesionales lo son).
Lo que yo desconocía era que yo no era “pro-ciencia” médica, dentro de mi engaño, yo era “pro-lobbies farmacéuticos”, puesto que, conforme a lo que luego aprendí de forma abrupta, la Big Pharma había secuestrado a la ciencia médica. Sus tentáculos se habían introducido en todas las áreas de la medicina: promovían los planes de estudio de las Universidades de Medicina, subvencionaban a los miembros de los Colegios de Médicos, daban prebendas a los médicos de los distintos hospitales públicos y privados, se habían infiltrado en la Sanidad Pública, en la Sanidad Privada, falseaban sutilmente los estudios médicos, estaban en las asociaciones de pacientes, incluso estaban en organismos internacionales como la OMS. Las estrategias de infiltración de los lobbies farmacéuticos en los organismos públicos están bien explicadas por Judy Mikovits y por Robert F. Kennedy Jr. en sus libros, así como en la serie Dopesick.
Si no se avanza por discernimiento, se avanza por sufrimiento: tres procesos de luz de gas
El primer proceso de luz de gas medico lo identifiqué cuando me diagnosticaron una dolencia de moda, de esas que son como un cajón de sastre donde se mete todo lo que se desconoce. Fue en 2009. No era algo importante ni grave, había médicos que, aún a pesar del diagnóstico, me decían que todo estaba en mi mente, que tenía que disfrutar más. Esta visión es buena, puesto que los neurotransmisores hacen un gran trabajo para anular el dolor, pero por ahí no iba el tema. Descubrí que los médicos, cuando no entienden o no pueden evaluar algún trastorno físico usan la “baza” de que es un “trastorno psicosomático”, que no dudo que los haya y tampoco dudo de la importancia de los mismos en la salud, pero no tantos como la clase médica cree. Yo lo veo como una forma bastante burda de tapar su propia ignorancia o la inexistencia de pruebas diagnósticas para ciertas enfermedades (se queda bastante pobre el uso de rayos X, ecografías y análisis para muchas de las nuevas enfermedades). Como todo se medicaliza, también se medicaliza el desánimo, y si el médico te dice que tu trastorno empeora porque estás desanimada pues se medica. Esto hace que los médicos pongan en bandeja a sus pacientes a la industria farmacéutica, que tiene a parte de la sociedad occidental sedada a base de psicofármacos, en la gran mayoría de los casos absolutamente innecesarios y cuyos efectos secundarios al retirarlos son incluso mucho peores que los síntomas que pretenden tratar. En este sentido no hablo de procesos psiquiátricos severos, sino de medicalizar procesos vitales comunes como los que el ser humano ha tenido que afrontar desde que está andando sobre la tierra. Y ya tampoco hablo de medicalizar procesos vitales comunes, sino de hacerlo sin avisar de los posibles efectos secundarios devastadores que esas medicaciones podrían tener si se mantienen en el tiempo.
El segundo proceso de luz de gas culminó en 2019. Un antibiótico me sentó mal. No obstante, este producto me había estado provocando crisis sucesivas en los años anteriores, pero mis médicos siempre que empeoraba por algo decían que era por mi enfermedad o que estaba deprimida, les creía. Pero en 2019 no fue posible creerlos más. Ellos no me habían creído a mí y yo ya dejé de creerlos a ellos. Para ese entonces yo ya había buscado páginas web, avisos de la AEMPS, de la EMA y de la FDA e incluso tenía un dossier en el ordenador con testimonios, estudios médicos, artículos médicos, etc. Es decir, manejaba yo más información que mis propios médicos. También había contactado con afectados y era consciente de que lo que estaba viviendo era real, y no una agudización de ninguna otra cosa. Esto sí, la solución rápida del profesional médico era que pidiera cita con el psiquiatra.
El tercer proceso de luz de gas que viví fue en 2020 cuando un psicofármaco me empezó a sentar mal, así que me dijeron que lo retirase. Dejar un psicofármaco requiere una atención médica constante y un proceso de tiempo, que puede llegar a ser mucho tiempo, no una semana, ni un mes. El síndrome de abstinencia de esta medicación puede ser brutal, la clase médica silencia los trastornos de la retirada de un psicofármaco, es como si no existieran, no hay interés económico en que la población sepa lo que pueden provocar esas pastillas porque los que negocian con la salud verían sus ventas reducidas. Tuve que afrontar un proceso físico y mental que jamás pude pensar que se pudiera dar en un ser humano, o en cualquier otro ser vivo. Es decir, me monté en una escalera mecánica que bajaba a toda pastilla al infierno y allí me quedé unos meses, en uno de los lugares más oscuros que pudiera existir, como un animal moribundo y acosado, el mal se había hecho materia, era denso. Del infierno puedes intentar huir, pero cuando el infierno está en tu propia cabeza no hay forma material de huir, es lo que llaman en los grupos de afectados la neurocárcel. Eso sí, entré en primero de Sufrimiento y unos meses después ya tenía un Máster en Discernimiento Consciente, otro en Ingeniería Social y varios seminarios de Sentido Transpersonal de la Existencia, todo ello sin asistir a un solo curso. Entonces ya vi el sentido de todo, el entramado, vi mis últimos años en retrospectiva y entendí mucho de lo que me había pasado. Un análisis genético me lo confirmó.
La búsqueda: mártires de un sistema iatrogénico
Busqué grupos de afectados y eran ellos los que me arroparon y me guiaron, los que me explicaron porqué me estaba pasando eso, porque obviamente, según mis médicos el psicofármaco se elimina del cuerpo en unos días. Podría ser verdad si no fuera que el desequilibrio que ocasiona en el cerebro puede durar días, meses, años o toda la vida.
Cuando contactas con los grupos de afectados por iatrogenia entras en otra realidad. Nosotros vivimos en burbujas de bienestar, nuestra realidad está creada e intervenida, no tiendes a pensar que lo que te han dicho durante años que es lo que está salvando a occidente realmente es lo que lo está matando.
Nadie te ha explicado que vivimos en un falso estado de bienestar y que si te va a ocurrir algo que choque con la tendenciosa narrativa oficial nadie te va a creer, porque la narrativa está totalmente controlada y sesgada, y que quien controla la narrativa crea el paradigma en el que vivimos, y quien controla el paradigma controla a los humanos.
Cuando sales de la burbuja descubres el nivel de engaño en el que vives y con quién vives. Cuando contactas con los afectados por medicaciones ves a miles de personas en un sufrimiento atroz, ninguneados, silenciados, olvidados, y recibiendo todos ellos luz de gas médica. Porque si yo pensaba que lo que me había pasado a mí era una excepción estaba equivocada, es algo generalizado en el sistema médico. La luz de gas ante el daño iatrogénico está claramente institucionalizada. Todo el sistema médico está en negación absoluta hacia el daño iatrogénico.
Todo el sistema médico está en negación absoluta hacia el daño iatrogénico.
Así que te metes en esos grupos de gente que se ayuda la una a la otra ante la falta de apoyo profesional, social, familiar, y haces un paseo por uno de los lados más oscuros de la vida. Y te das cuenta de que no va en broma cuando un día abres el grupo y te encuentras con el mensaje de un padre que dice que su hijo se suicidó el día anterior porque no pudo soportar la retirada de su medicación psiquiátrica, o un novio escribe porque su novia quedó con secuelas tan graves al retirar las benzodiacepinas que también se quitó la vida, o que a tal persona la han operado porque sus secuelas la han dejado en silla de ruedas, etc. Que todo esto no dejaría de ser una tragedia si no se sumase al desinterés y al ninguneo que todos los afectados cuentan de sus médicos, porque al daño físico se suma el daño psicológico y un maltrato silencioso del sistema que es de una crueldad inconmesurable.
Tengo una conocida afectada que quedó bastante enferma tras una medicación. Ha recorrido muchos médicos, incluso de EEUU. No ha conseguido de ninguno de ellos ningún informe en el que se confirme el daño por iatrogenia, aunque en su caso es de lo más evidente y se lo han dicho de forma verbal.
Y yo a todo ello me intrigaba cuál era el motivo de ese gaslighting institucionalizado. ¿Qué lleva a un profesional médico a no empatizar con alguien sentado enfrente que le cuenta que su daño viene por medicación?
Ya había aprendido el cómo se controla la narrativa. Quien controla la narrativa, controla los comportamientos de los seres humanos. Pero además la sociedad está totalmente jerarquizada en todos sus ámbitos. Es una organización muy inteligente puesto que está diseñada para que se trabaje la obediencia en el individuo y la falta de crítica, no solo eso, la estructura es propicia para ejercer el abuso de poder y de hecho toda la sociedad occidental es un sibilino abuso de poder disfrazado de sistema amable y en continua campaña de marketing sobre sus falsas bondades.
El sistema médico es el enésimo ejemplo de estructura jerarquizada falsamente paternalista donde al individuo solo se le da el margen de acatar lo que le ordenen. Es el caldo de cultivo propicio para que a alguien se le haga luz de gas.
El bloqueo del discernimiento: el cómo dar antes legitimidad a lo que se lee en los libros por delante de la experiencia humana del paciente
La sociedad en la que habitamos es absolutamente egoica, narcisista, supongo que es algún tipo de proceso de supervivencia, pero hace que cada uno viva sin entender al otro.
Una cosa muy curiosa es cómo definían los gnósticos a los tres tipos de hombres: los “hílicos”, los “psíquicos” y los “pneumáticos”.
Los “hílicos” están plenamente apegados a la materia, no contemplan el sentido transpersonal de la existencia humana, lo trascendente, sino que creen que lo único existente es la materia, lo inmediato, lo físico. Cuando estás en el paradigma de entender que solo existe lo que ves y no entiendes tu vertiente transpersonal, para ti todo es “ego”, es decir, te identificas con el “yo” de una manera tan absoluta que solo entiendes que hay el “yo”. El paradigma artificial que se ha creado es toda la realidad que conocen muchos médicos, el paradigma secuestra al individuo y la identificación con él es tan bestial que lo entienden como su yo propio, su propia identidad. El individuo se funde con el paradigma, y se crea el “personaje”. El personaje interpreta un papel en este teatro social, que es el que le dictan desde arriba (aunque él no lo sepa), y por supuesto no es inocuo, hay todo una trama de intereses detrás de la creación del teatro social. Lamentablemente es una sociedad que está llena de personajes y no de personas. En esta sociedad narcisista y materialista a este personaje se le recompensa con estatus social y con bienes materiales. Ya le has ganado. Para un ser humano en el que toda su existencia solo es lo visible, es lo máximo a lo que puede aspirar y obviamente no va a renunciar a ello.
No obstante, sobre esta gente también se ejerce abuso de poder, puesto que tienen que renunciar a lo que les dicta su corazón para seguir percibiendo su recompensa. Se forma una cadena de maltrato.
Al final es toda una sociedad con una evolución espiritual mínima, incapaz de desarrollar los verdaderos valores que nos hacen humanos, forzada al abuso de unos hacia otros. Entonces cuando te pones delante de un profesional sanitario no hay un diálogo de alma a alma, sino que te va a tratar el “personaje”. Y aunque haya profesionales que tengan sentido de justicia, compasión, amor, como están dentro de un marco de tal pobreza espiritual no van a poder actual y cualquier actuación es una especie de suicidio social y económico. Aunque la verdadera riqueza no es material, ellos así lo perciben.
Por esto mi conocida no tendrá un informe médico con daño por iatrogenia, aunque no pueda trabajar el resto de su vida y tenga que malvivir o incluso piense en quitarse la vida.
Hacia un cambio de paradigma
No obstante, en estos últimos años tan distópicos, en el malsano embalse de lodo en el que vivimos se ha abierto una puerta y está entrando agua saludable, vivificadora. El agua fresca fluye, la brisa nos roza la cara. Benditos todos aquellos profesionales médicos que han visto más allá de lo material y han abierto su boca para defender a las víctimas de iatrogenia. GRACIAS.
MJ.SG
Un poquito de bibliografía:
- Psicofármacos que matan y denegación organizada, de Peter Götzsche
- Medicamentos que matan y crimen organizado, de Peter Götzsche
- Plaga de corrupción científica: restaurando la fe en las promesas de la ciencia, de la Dra. Judy Mikovits y Kent Heckenlively
- Anthony Fauci, Bill Gates, Big Pharma, de Robert F. Kennedy Jr.
- Dopesick (serie), https://www.filmaffinity.com/es/film109651.html
- https://www.survivingantidepressants.org/
- Un psiquiatra afectado por sus propios fármacos: https://markhorowitz.org/
- El psiquiatra Mark Horowitz explica el síndrome de abstinencia de antidepresivos: https://www.youtube.com/watch?v=8unAazf7pss
- Canal del Dr. Josef Witt-Doerring, psiquiatra: https://www.youtube.com/@taperclinic
- Asociación Nueva Psiquiatría, una visión respetuosa. https://nuevapsiquiatria.es/
- Grupos de apoyo de facebook
