El Manifiesto de Cartagena surge como una crítica al estancamiento de la reforma psiquiátrica y al uso excesivo de medidas coercitivas a pesar de la legislación previa, buscando forzar un cambio de paradigma hacia el respeto absoluto de los derechos humanos en el ámbito de la salud mental. 
Se firmó en 2016 durante las XXVI Jornadas de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) celebradas en Cartagena.

Los principios en los que se basa son:  la no coerción, la dignidad, el trato respetuoso, la desinstitucionalización y la participación activa de los afectados.  

 Manifiesto de Cartagena por unos servicios de salud mental respetuosos con los derechos humanos y libres de coerción es un documento clave en la psiquiatría y salud mental comunitaria española, en donde se pone en evidencia la existencia dentro de la psiquiatría de una corriente de cambio, que al igual que los afectados por la psiquiatría, lucha contra el paradigma biomédico.

El manifiesto defiende una atención a la salud mental basada en los siguientes pilares:

  • Erradicación de la coerción: supresión de las contenciones físicas, mecánicas y el aislamiento en los servicios de psiquiatría.
  • Derechos Humanos: garantizar la dignidad y los derechos fundamentales de los pacientes, evitando tratos degradantes.
  • Salud Mental Comunitaria: impulso de un modelo de atención comunitaria y no hospitalocéntrica.
  • Participación de los usuarios: Involucrar a los pacientes y familiares en la planificación y evaluación de los servicios (la primera persona).
  • Atención digna: formar a los profesionales en relaciones terapéuticas respetuosas y alternativas a la fuerza. 

El manifiesto fue impulsado principalmente por la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN)
Las entidades firmantes del manifiesto fueron Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN), Confederación Salud Mental España, Federación en Primera Persona, y Veus.


Qué dice el manifiesto? Reproducimos su contenido:

MANIFIESTO DE CARTAGENA POR UNOS SERVICIOS DE SALUD MENTAL RESPETUOSOS CON LOS DERECHOS HUMANOS Y LIBRES DE COERCIÓN

La reforma psiquiátrica y el desarrollo de la Salud Mental Comunitaria supusieron una apuesta por suprimir las prácticas institucionales que vulneraban los derechos humanos y por la recuperación de la dignidad y derechos de las personas diagnosticadas de trastorno mental. Desde entonces, ha habido un esfuerzo continuado por ofrecer una atención respetuosa, tanto en las prácticas profesionales como en los desarrollos legislativos y organizativos. A pesar de ello, continuamos con unos presupuestos en salud mental insuficientes, con equipos incompletos y una red fragmentada.
Esto ha dificultado el desarrollo de la atención comunitaria y ha favorecido más el uso de medidas de control y coerción en lugar de medidas terapéuticas. El abanico de la coerción en la asistencia psiquiátrica es amplio e incluye el uso del poder, la fuerza o la amenaza para lograr que una persona que está siendo atendida haga o deje de hacer algo en contra de su voluntad. Nos referimos especialmente al uso de sujeciones o contenciones, aislamiento y otras formas de coacción.
Creemos que es el momento de avanzar en la toma de conciencia sobre estas prácticas que no garantizan los derechos de las personas; de trabajar para su eliminación y para la erradicación de las deficiencias que las hacen posibles.


 
CONSIDERAMOS

  • Que su erradicación es un objetivo a conseguir.
  • Que suponen un sufrimiento psíquico traumático, pueden romper los vínculos terapéuticos y comprometer el proceso de recuperación.
  • Que su uso se cuestiona en la Convención sobre los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad y en el Informe sobre la Tortura en Centros Sanitarios de las Naciones Unidas.
  • Que el estado actual de la red asistencial no favorece la eliminación de las situaciones de coerción, invalidando los esfuerzos profesionales por evitarlas. Para conseguir el objetivo que perseguimos hay que movilizarse por obtener cambios sustantivos en los recursos en toda la red asistencial y no solo en los lugares donde se dan estas prácticas.
  • Que la dificultad de encontrar alternativas reales de atención puede situar a los profesionales en la polaridad entre la coerción o el abandono. Y a los usuarios, entre el sometimiento y el desamparo. Estas dicotomías envenenan las relaciones terapéuticas y las necesarias alianzas entre todos los actores.
  • Que más allá de los cambios individuales, hay que transformar discursos, culturas y servicios. No nos referimos solo a unas prácticas, sino también a los discursos que las sustentan y las instituciones y servicios en las que es posible que se den.


PROPONEMOS

  • No considerar las técnicas y servicios coercitivos como tratamientos. Son incidentes críticos que invitan al análisis y la mejora.
  • Exigir transparencia y establecer sistemas de registro del uso de sujeciones o contenciones, que permitan analizar qué se hace, cuándo se hace, qué figuras profesionales fueron implicadas, qué se hizo para evitarlas, qué podría haberlas evitado, y especialmente cómo evitar su uso en el futuro.
  • Rediseñar los espacios de hospitalización y la organización de profesionales y actividades, orientándolos hacia la acogida, evitando el exceso de normas y reglas, detectando aspectos hostiles que puedan hacer que las personas puedan sentirse amenazadas y desconfiadas.
  • Establecer unidades con pocas camas, hogares-sala, con ambiente terapéutico y tranquilizador, que promuevan relaciones que generen confianza, en los que la gente se sienta acogida, con la existencia de habitaciones de confort y sensoriales. Dotarlas de profesionales en número, cualificación y condiciones laborales adecuadas.
  • Velar porque la extinción de estas prácticas en unos lugares, no suponga un riesgo de que se produzcan en otros.
  • Promover una cultura de trabajo orientada a la no coerción, que incluya la reflexión y debate permanente y la conciencia de responsabilidad entre los y las profesionales sobre el comportamiento ético con cada persona.
  • Formar a los y las profesionales en prácticas de relación terapéutica centradas en la persona.
  • Apoyar a los profesionales y los equipos que sean capaces de plantear alternativas creativas, reconocer y difundir sus esfuerzos, generando así una cultura profesional libre de coerción.
  • Crear cauces reales de participación de usuarios/as para que puedan velar por la anulación de las prácticas coercitivas en la atención, en todas sus fases: planificación, puesta en marcha, análisis y evaluación.
  • Buscar alianzas con los movimientos ciudadanos que aboguen por la erradicación de la coerción en otros ámbitos, de los discursos que las sustentan y las desigualdades de poder que las facilitan.
  • Instar el compromiso de las Administraciones sociales y sanitarias en la priorización de las inversiones necesarias en recursos que favorezcan la inclusión, pertenencia y permanencia de las personas en sus entornos, evitando así prácticas de exclusión.



En el 2024 la AEN sigue manifestando su compromiso de adhesión a este manifiesto con las siguientes palabras:
Nuestro camino atestigua la responsabilidad ética de la AEN-PSM con la reivindicación y lucha por una sociedad más justa, equitativa y respetuosa con los derechos de las personas con sufrimiento psíquico, desde la defensa de un modelo de atención público y comunitario, y desde la independencia frente a las administraciones, partidos políticos e industria farmacéutica, para convertirnos así en una interlocutora válida y transparente.

Ciertamente se está muy lejos de conseguir esos objetivos, la psiquiatría biomédica sigue imperando, y según hemos podido ver en https://silviaenpropiavoz.blogspot.com/ se siguen implementando formaciones desde la coerción, como las del hospital Regional Universitario de Málaga, en donde se gastan los recursos de todos para explicar a un grupo de enfermeros/as cómo atar mejor en la sanidad pública.
Otro de los datos que nos aporta es la foto de un enfermero judoca que imparte formaciones en el SUMMA para sanitarios del 112, para defenderse con llaves de yudo de las personas vulnerables.
Es interesante entrar en este blog, en donde ves el largo camino que queda por recorrer.

Porque hay una normalización de la violencia en el campo de la psiquiatría biomédica que resulta totalmente intolerable.



Fdo.: M.ª Rosa Arija Soutullo
Psicóloga.
Enero 2026


REFERENCIAS:

Manifiesto de Cartagena por unos servicios de salud mental respetuosos con los derechos humanos y libres de coerción. AEN 2016

Y ahora qué? A propósito del manifiesto de Cartagena. Primera Vocal. 6 de noviembre del 2016

– https://silviaenpropiavoz.blogspot.com

 Asociación de Afectados por la Psiquiatría (Apsi)
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