
«Debido a ello tengo olvidado cuándo murió mi padre. Su entierro, todo»
«Cuando salí del hospital acabé con estrés postraumático. Tengo todavía agorafobia, no puedo salir de Barcelona»
Fidel Masreal Barcelona 01 MAY 2026
Eugenia -preservamos su identidad con un nombre diferente al suyo- tiene 46 años, estudió Psicología pero sufrió un trastorno y tuvo que dejarlo. Acumula varios diagnósticos, y dedica ahora su vida, entre otras cuestiones, al activismo en colectivos con una mirada crítica respecto a la psiquiatría de raíz más biologicista. Pide que no se llame TEC al ‘electroshock’, describe su vivencia en términos de amnesia y reclama que quien decida someterse a esta técnica tome la lo haga a conciencia y no coaccionada por su sufrimiento.
-¿Cómo recuerdas los primeros síntomas de que algo no iba bien, cuando eras joven?
-Recuerdo que empecé a tener mucho insomnio, ideas extravagantes… y al final acabé en un ingreso en psiquiatría.
-¿Ahora a qué te dedicas?
-Me dedico al activismo, a escribir cosas artísticas, soy poeta, estoy preparando un nuevo libro.
Tengo miedo y fobias, y este miedo está en el inconsciente, pero al no poderlo recordar no puedo trabajar en terapia lo que me pasó
-¿Cómo estás, últimamente?
-En las Navidades de 2025 tuve una fase depresiva muy fuerte, todavía la arrastro, no estoy curada. La parte más dura es una pasada, realmente es anhedonia: no es que estés triste, es que no te importa nada.
-¿Cuándo fue que te practicaron la TEC?
-En 2009 murió mi padre de forma súbita por un problema del corazón. Tenía 57 años. Yo lo quería muchísimo. Estuve dos semanas tirando del carro pero me puse mal. Y no me gusta que le llamen TEC, es un eufemismo. Son electroshocks. La única diferencia con el pasado es que ahora te anestesian. Debido a los electroshocks tengo olvidado cuándo murió mi padre. Su entierro, todo. Lo único que sé es que a las dos semanas tras su fallecimiento me puse mal, me ingresaron, y me explicaron que estuve tres meses en el hospital de San Rafael.
-¿No lo recuerdas?
-Una de las consecuencias más comunes -y no extraña porque conozco a mucha gente a la que le han hecho electroshocks- es que tienes una amnesia retrógrada en que hay una parte de tu vida -que puede ser antes o después del electroshock- que olvidas. O tienes vacíos en tu pasado más antiguo. Tienes un vacío y no recuerdas nada.
-¿Cómo se decidió el ‘electroshock’ en tu caso?
-Yo no autoricé a que me la hicieran, en ningún momento. Como se supone que estaba mal y no tenía voz ni voto, le consultaron a mi madre. Era una mujer mayor que no estaba por ponerse a buscar en internet qué significa, qué consecuencias tiene. Y le dieron el eufemismo de la TEC y de que su hija estaba muy mal. Yo estaba mal porque se había muerto mi padre y llevaba dos meses brotada, era normal. No es que llevara así dos años. No, estaba descompensada. Pero como están de moda los electroshocks, el aparatito vale 30 mil euros y han de pagar la patente… a electrocutar a todo el mundo. Y mi madre dijo ‘para mi hija lo que sea’. Yo ahora tengo un documento en el que digo que no quiero que me hagan TEC si me ingresan.
-¿Te fueron bien los TEC?
-A mí me han ido fatal. Cuando salí del hospital acabé con estrés postraumático. Tengo todavía agorafobia, no puedo salir de Barcelona. Salí muy mal de ese ingreso. Cuando pasas por un proceso tan traumático, después lo has de tratar con tu terapeuta. Yo no recuerdo nada de ese ingreso, pero tengo conocidos que estaban allí y se acuerdan de cosas que me hicieron, como atarme cuatro o cinco días a la cama. Tengo miedo y fobias, y este miedo está en el inconsciente, pero al no poderlo recordar no puedo trabajar en terapia lo que me pasó.
-¿Sabes si mejoraste de tus síntomas, con la TEC?
-No me fue bien. Quedé con agorafobia, con pánico. No puedo ir a un psiquiátrico a visitar a alguien.
-Hay pacientes que dicen que les ha ido bien…
-Las personas son libres de hacer lo que quieran. Si una persona conscientemente quiere ponerse electroshocks, que se los ponga. Primero, que se informe bien. Pero a la gente le venden el producto, le dicen que les irá muy bien. Evidentemente, la lobotomía también va muy bien y se la hacían a personas gais.
Si una persona conscientemente quiere ponerse electroshocks, que se los ponga. Primero, que se informe bien
-No es lo mismo un electroshock que una lobotomía…
-Evidentemente que no.
-Hay testimonios que explican que han sufrido lagunas de memoria pero que ha valido la pena…
-Bueno… debería estudiarse si han mejorado por los electroshocks o han mejorado también por otras cosas. Quizás el mismo placebo de ‘voy a ponerme mejor’ puede ayudar a ponerte mejor, en casos como las depresiones. Mi psiquiatra, psicoanalista, afirma que ningún psiquiatra humanista bien formado está a favor de los electroshocks. Funciona la teoría de la tele que se estropea y le pegas una hostia y funciona. O el móvil que no va bien y lo reseteamos. El electroshock es igual: no tienen ningún control ni saben qué coño pasará. Hay gente que se ha quedado muda, o que no reconoce durante meses a su familia. Cuando salí del ingreso me dijeron que había olvidado que tenía pareja.
Debería estudiarse si las personas han mejorado por los electroshocks o por otras cosas
-Pero qué le dirías a la gente que le va bien…
-Si quieren vivir con la amnesia, que vivan con ella. También hay gente que se pone Ozempic para adelgazar y les va muy bien. O en fentanilo, o que le abran el cráneo y le pongan un chip con electrodos que van dando descargas. Si quieren hacer este tipo de psiquiatría, pues allá ellos. Realmente creo que aquí falla la parte humana. Me gustaría saber si antes de ponerles el electroshock les proporcionan cada semana un terapeuta durante una hora, o si les llevan a un lugar con actividades, o les rodean de gente que les ayude… El electroshock como solución de vía rápida me parece una atrocidad. Una práctica que no tiene control sobre lo que está pasando.
Me gustaría saber si antes de ponerles el electroshock les proporcionan un terapeuta, si les llevan a un lugar con actividades, o les rodean de gente que les ayude
-Entonces ¿cómo te explicas que se practique de forma generalizada en Catalunya?
-Es una cuestión económica. Y en psiquiatría va por modas. Ahora están de moda los inyectables. Los electroshocks tienen una parte económica -las empresas de electroshocks y las farmacéuticas quieren vender productos, hay máquinas que valen 30 mil euros y cada sesión vale una pasta. Después, la psiquiatría biologicista científica está en auge y no confía en la parte humana de la curación y la estabilidad, no confía en un buen terapeuta, en una vida que te permita hacer cosas, en que no haya precariedad económica ni pensiones de 700 euros como la mía. En lugar de eso, se vuelcan en la medicación a saco en toda la sociedad. Es una aberración lo que está pasando. Entiendo que puede haber un caso de una depresión melancólica, de alguien catatónico en la cama sin hablar y que en este caso debemos hacer algo. Pero dar electroshocks a personas que entran en unidades de agudos o que están un mes allí, o a mujeres embarazadas o a una persona con depresión… es que te coges a un hierro ardiendo. Y si te dicen ‘electroshocks’ dirás que sí. Y si te dicen que te abren el cráneo, dirás que sí.
-Existe un notable porcentaje de tasas de respuesta y remisión de síntomas..
-¿En base a qué estudios? Los de las farmacéuticas. En la psiquiatría hay diferentes grupos.
Estoy convencida de que la mayoría de psiquiatras no pondrían a ningún ser querido, a un hijo, a hacer electroshocks
-¿Cuestionas los estudios?
-Claro que los cuestiono. Tengo mogollón de amigos psiquiatras y me explican cómo funciona todo esto. Los estudios favorables no son los mismos de otros grupos de psiquiatras que piensan de otro modo. Unos dirán que se debe medicar toda la vida, otros que se ha de medicar poco a poco.
-En psiquiatría, ninguna técnica logra la curación…
