La familia presenta una reclamación al considerar que, en lugar de recibir atención para aliviar su sufrimiento, a una mujer con un 92% de discapacidad y graves dolores crónicos se le ofreció la muerte asistida como «alternativa»

Luis F. Durán Madrid. Domingo, 28 junio 2026

La hija de Pilar todavía recuerda la conversación que mantuvo con la psiquiatra que atendía a su madre durante el último ingreso en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Acababa de conocer, por boca de la propia paciente, que la médica le había hablado de la posibilidad de solicitar la eutanasia. «Le pregunté cómo había tenido la poca vergüenza de decirle eso a una persona que estaba ingresada porque quería morirse. Me respondió que era una alternativa y un derecho que tienen todos los pacientes», relata a EL MUNDO.

Su madre, Pilar López de la Torre, de 72 años, padece un trastorno psiquiátrico desde hace décadas, tiene reconocida una discapacidad del 92% y, según la familia, lleva cuatro años inmersa en un progresivo deterioro físico y psicológico provocado por un dolor crónico que no consigue controlar. En ese tiempo ha protagonizado numerosos intentos autolíticos, el último de ellos hace apenas unas semanas.

Ese episodio desembocó en un nuevo ingreso en Psiquiatría. Sin embargo, la familia sostiene que, lejos de recibir un tratamiento intensivo para abordar las causas de su sufrimiento, la primera conversación relevante que mantuvo con la psiquiatra fue sobre la posibilidad de acogerse a la prestación de ayuda para morir.

Los hechos figuran ahora en una reclamación presentada ante el Servicio Madrileño de Salud, en la que la hija denuncia tanto ese episodio como lo que considera una cadena de errores asistenciales acumulados durante los últimos cuatro años.

«Mi madre le dijo que no quería eso»

Según relata la hija, su madre no le contó inmediatamente la conversación con la psiquiatra. Fue días después, al verla especialmente apagada, cuando insistió en preguntarle cómo estaban siendo las visitas médicas durante el ingreso. La respuesta le dejó desconcertada. «Me dijo que el primer día la doctora le preguntó por qué hacía esas cosas y que existían otras alternativas. Entonces le habló de la eutanasia. Mi madre le preguntó qué opinaba ella y le respondió que era una posibilidad. Mi madre le dijo que no, que no quería eso». La hija asegura que su madre desconocía incluso que la ley de eutanasia existiera en España.

«Mi madre ingresó para que le quitaran las ganas de morir, no para salir sabiendo que existía otra forma legal de hacerlo», sostiene. En la reclamación registrada ante la Comunidad de Madrid, la mujer mantiene que la conversación se produjo cuando su madre presentaba una «elevada vulnerabilidad emocional e ideación autolítica activa», circunstancias que, a su juicio, hacían especialmente inapropiado plantear esa posibilidad. Tras conocer lo ocurrido, la hija llamó a la psiquiatra para pedir explicaciones. «Le dije: ‘¿Pero usted no está aquí para darle ganas de vivir?’. Y me contestó que la eutanasia era un derecho y una alternativa». La conversación terminó bruscamente.

Posteriormente, la hija habló también con la responsable de Psiquiatría del hospital. Según asegura, la jefa del servicio tampoco consideró inadecuado que se hubiera informado a la paciente sobre la eutanasia, argumentando que se trata de un derecho reconocido por la ley.

La reclamación no se limita al episodio de la eutanasia. De hecho, ocupa solo una parte de un relato mucho más amplio en el que la hija describe cuatro años de ingresos, altas hospitalarias, intentos de suicidio y un deterioro progresivo que atribuye a una atención psiquiátrica insuficiente. Según sostiene, desde 2022 la respuesta habitual tras cada intento autolítico ha sido prácticamente la misma.

Los médicos descartaban mantener el ingreso al considerar que «el peligro inminente ya no existe» y recomendaban volver a casa o valorar el ingreso en una residencia. Sin embargo, pocos días o semanas después se producía un nuevo episodio suicida. La hija asegura que tuvo que insistir repetidamente para conseguir el último ingreso hospitalario. «Si esta vez la ingresaron fue porque fui muy pesada. Siempre me decían que ya no había peligro inminente». En su opinión, nunca se ha abordado el origen del problema.

La familia sitúa el origen del empeoramiento en 2022, cuando Pilar sufrió una gangrena de Fournier derivada, según denuncia, de una infección que no fue detectada durante un ingreso previo en el mismo hospital. Aquella complicación obligó a múltiples intervenciones quirúrgicas y a un ingreso de cerca de diez meses, hechos por los que la familia mantiene abierta otra reclamación patrimonial todavía pendiente de resolución. Desde entonces, explica su hija, la paciente arrastra un intenso dolor bucal de origen neurológico que condiciona completamente su vida. «Ese dolor le provoca depresión; la depresión le genera más dolor y se convierte en un círculo del que no consigue salir».

Un ejemplo de buen tratamiento

La mujer, que antes conducía y vivía sola con autonomía, necesita ahora ayuda para las actividades básicas de la vida diaria. La hija sostiene que existe un ejemplo de que la evolución de su madre puede mejorar cuando recibe un tratamiento intensivo. Entre diciembre del año 2024 y febrero del año 2025 permaneció alrededor de dos meses ingresada en Psiquiatría bajo la supervisión de otro especialista, hoy ya jubilado. Según la familia, durante ese periodo consiguió reducir notablemente el dolor y recuperar parte de su autonomía.

Sin embargo, pocos días después del alta sufrió una neumonía que frustró toda la recuperación alcanzada. Desde entonces, asegura su hija, cada nuevo intento de suicidio ha terminado con altas precoces y sin un plan terapéutico prolongado.

En el escrito presentado ante el Servicio Madrileño de Salud, la familia solicita que se investigue la actuación de la psiquiatra responsable, de la Jefatura del Servicio de Psiquiatría y del resto del equipo que ha atendido a la paciente. También pide revisar los criterios de ingreso y alta aplicados desde 2022 y analizar la coordinación asistencial mantenida durante estos años. «Mi madre no necesita que le enseñen cómo morirse. Necesita que la ayuden a querer vivir otra vez», añade.

La hija asegura que la falta de un tratamiento adecuado ha acelerado el deterioro físico y psicológico de su madre hasta el punto de que su grado de discapacidad ha aumentado del 64% al 92%. «Nos decían que el hospital no era un hotel y que buscáramos una residencia», lamenta la hija, que sostiene que su madre no necesita ser institucionalizada, sino recibir el mismo tratamiento psiquiátrico prolongado que, en un ingreso anterior, logró mejorar notablemente su estado.

Fuentes del Hospital Universitario de Fuenlabrada niegan que se ofreciera la eutanasia en los términos descritos por la familia y aseguran que «la alusión a la eutanasia está absolutamente descontextualizada y fue referida en un contexto de intervención terapéutica».

El centro añade que «todos los procedimientos se abordan en un ámbito absolutamente profesional, con las máximas garantías y cuidados asistenciales, máxime cuando hablamos de cuadros clínicos que requieren procedimientos o actuaciones muy especializadas». Asimismo, subraya que «ese contexto terapéutico persigue reducir riesgos de cualquier tipo en el paciente».

Fuente: https://www.elmundo.es/madrid/2026/06/28/6a4001aee85ecee64b8b4578.html

 Asociación de Afectados por la Psiquiatría (Apsi)
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.